domingo, 13 de marzo de 2016

LA FERIA DEL LIBRO ANTIGUO

Me gusta comprar libros, en especial, los antiguos o de segunda mano o de lance como queráis denominarlos. 
Sé que hay personas que los aborrecen por el hecho de ser usados y viejos, sin embargo, a mí  me parecen más interesantes si cabe.
Cuando visito las librerías y veo los ejemplares, con sus muestras de haber sido leídos, imagino mil y una historias vividas por cada uno de ellos. Seguro que muchos tienen una doble historia que narrar, pues, entre sus páginas, está el relato impreso, generalmente, en negro sobre blanco, y su segundo relato que es el condicionado por su incierto trasiego.
Cuando voy a la feria del libro de ocasión, me resulta gratificante poder pasear por los estantes, mirar, cotejar portadas, disfrutar de las rarezas. No siempre encuentro lo que busco, pero, a veces, me llevo alguna que otra sorpresa que por lo inesperada convierte al libro en un objeto especial. Más o menos eso fue lo que me ocurrió ese año. 
Se celebraban las fiestas de Fallas, ocasión en la que se monta la feria del libro antiguo durante más de veinte días. Aquel año no buscaba títulos concretos más bien paseaba sin ningún plan especial. Un poco cansada de no encontrar nada que se acoplase a mis gustos estaba a punto de irme cuando me fijé en la caseta de una librería que no había visto hasta entonces. Según indicaba el cartel anunciador se trataba de una librería de la ciudad de Barcelona. En el interior se encontraban dos mujeres muy mayores.  Sonreían a todos los que se acercaban a ojear los libros que tenían colocados en el mostrador. Me acerqué, con poco interés, pero atrajo mi curiosidad una edición de la obra de Alejandro Dumas; se trataba de La mano del muerto, un ejemplar bastante raro de localizar e infrecuente. Es la tercera parte de El conde de Montecristo. Esta pieza final no es tan conocida como los dos primeros volúmenes. 
La edición en sí no era de las mejores de la editorial Sopena. Editada en papel rústica e impresa a doble columna con alguna ilustración interior, se encontraba en buen estado. Abrí la portada y comprobé el año: 1954. La contemplé y aunque sé que no se debe demostrar ningún interés por el libro que se quiere comprar, pues eso es lo que hace que el librero aumente su precio, creo que mi entusiasmo asomó en mi rostro. Una de las ancianas propietarias se acercó hasta mí y me dijo con tono suave y afable:
-No es muy corriente encontrarla ¿verdad?
Se lo corroboré. A continuación, con un hilo de voz continuó:
-Pues tienes la suerte de tener la obra completa.
No pretendía comprar los tres libros. No era tan grande mi pasión por la obra de Dumas, además, ya tenía otra edición y en mejor estado, sin embargo, el volumen final, de tan difícil localización por su falta de reedición, sí me interesaba.
Por fin tomé la decisión y dije a aquellas ancianas tan sonrientes que sólo iba a comprarles el tercer volumen. Las dos mujeres se miraron y sin cruzar ni una palabra entre ellas accedieron a vendérmelo. Mientras me devolvía el cambio me dijo:
-Volverá a por los otros.
Le sonreí aunque pensé que se equivocaba, no pretendía atesorar libros sino sólo leerlos.
Ya en el interior del metro no podía dejar de pensar en el pequeño suceso así que saqué el libro de la bolsa y lo abrí con la intención de comenzar a leer y satisfacer mi curiosidad. En las primeras páginas apareció un pequeño trozo de papel que llevaba escrito el siguiente mensaje:

"Este volumen completa la magna obra de Alejandro Dumas. A pesar de ser el último es el principio de lo que, aparentemente, debe ser un final. Si has sentido curiosidad por resolver el enigma cuenta con la necesidad de tener los ejemplares completos."

Aquella advertencia me hizo gracia. Se trataba de un acertijo en toda regla. Quizá sería algún juego del anterior propietario que lo había maquinado al hilo de la lectura de la novela.
Llegué a casa y referí todo lo que me había acontecido incluida la enigmática nota.
-¿Por qué no has comprado todos los volúmenes?

Aquella noche tuve un sueño intranquilo y quizá más desasosegado de lo habitual. Al día siguiente decidí que volvería a la feria y compraría los volúmenes precedentes.
A lo largo de toda la mañana me asaltaba la duda de si ya no podría encontrar los libros. 
Por la tarde, cuando comenzó la feria, fui la primera en acercarme a la caseta cuando la abrieron. Las dos ancianas no estaban. Tras el mostrador estaba un chico, muy joven, que no cesaba de corretear de un punto a otro de la caseta. Eché un vistazo a los libros, pero no vi la obra de Dumas. Me quedé desilusionada. Seguro que ya no lo encontraría, pensé. Ya me iba cuando, de repente, el joven me asaltó con la siguiente interrogación:
-¿Tú eres la Dumas?
No supe que contestarle. Evidentemente me sorprendió al haber adivinado que libro había comprado siendo que él no estaba el día anterior. Sin contestarle volvió a tomar la palabra.
-Mis tías me han dejado estos libros para ti. Te los venden a buen precio.
El chico sacó un paquete con los dos volúmenes editados por Sopena a doble columna. 
Ya en el metro, de regreso a casa, abrí los libros para hojearlos. No pretendía leerlos sino buscar la posible nota predecesora y que resolviese el misterio. No había tal nota en ninguno de ellos, no obstante, sí había un escrito, a lápiz, en la última hoja.

"Estos volúmenes te conducirán por el camino de la aventura, la pasión y la curiosidad, pero sólo podrás llegar a completarla con la adquisición del tercer volumen, en el cual, encontrarás la resolución al verdadero enigma." 

Volví a leer la obra de Dumas con igual o mayor interés, pero, esta vez, lo hice con la edición de Sopena. El enigma no era sólo la lectura sino el hecho de poseer la edición completa.



4 comentarios:

  1. Reconozco esa pasión por los libros usados. Los huelo, los toco, los busco, aunque casi nunca los encuentro, y , de vez en cuando, vuelvo a sacarlos de la estantería donde están, no para leerlos de nuevo (que a veces si) , si no para volver a tocarlos y recordar lo que dentro llevan.
    A veces pienso que es algo ridículo pero es mi ridículo y conmigo va.

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  2. Siempre lo digo y no me canso de repetirlo, los libros de segunda mano tienen más historias que contar que los de recién impresión. Gracias por la lectura y comentario.

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  3. hola. no puedo dejar de comentarte. amo los libros viejos, amo desenterrar libros olvidados o descartados. en mi biblioteca tengo montones de bellezas com mi primer amor que fue cumbres borrascosas y lo que el viento se llevo. yo los recojo y los restauro y le doy un lugar, imagino que los escrotores que los escribieron perciben una caricia en el alma cuando lo logro. gracias... meemocionaste. gracias.

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  4. Siempre lo digo, los libros de segunda mano nos cuentan más historias que las impresas. Tengo más sucesos con ellos y siempre creo que son actos de amor. Este relato encierra la picardía de las dos ancianas que sabían que volvería a por ellos. Ahora, los mismos libros se pueden comprar a través de internet. Son más baratos pero no tienen su historia particular. Gracias por leer y comentar mi relato.

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