sábado, 25 de febrero de 2017

09 CARLOS SOMEL TOMA LAS RIENDAS Y LAS SORPRESAS DEL AMOR




«Las mujeres no suelen fijarse en mí porque no valgo nada eso es lo que creo cuando me miro al espejo. ¡No puedo competir con los guapos actores con los que me rodeado! Me he acostumbrado a que ellas no me quieran. Enrique dice que las mujeres son un misterio que hay que desvelar. Él sí puede opinar porque siempre ha triunfado con todas las mujeres. Sin embargo, desde que Natasha había entrado en mi vida todo ha cambiado. Estoy enamorado y creo que soy correspondido por ella. No sé hasta qué punto ella es sincera conmigo, aunque tampoco me preocupa porque ahora sólo quiero sentirme amado por ella. Sé perfectamente que no la podré retener junto a mí. Ella es etérea y sé que no permanecerá conmigo por mucho tiempo y, sin embargo, la amo y la admiro por ello.  Natasha es libre. Es la persona más independiente que conozco y que creo que conoceré nunca. Su belleza física no valdría nada si no tuviese esa libertad que la convierte a veces en transparente como el vapor de agua y otras en impenetrable como el acero. Me deleito perdiéndome en sus ojos verdes pues, cuando los miro, me veo al borde de un abismo imposible de sortear. La adoro y ella lo sabe, por eso teme encadenarse a mi pasión. »
-Anda, Edelmiro baja de la nube donde te has instalado y léeme lo que dice la prensa de mi accidente. –Darqués interrumpió mis reflexiones. –Eso de estar enamorado te ha transformado en un ensoñador romántico. –Ironizó.
-En el periódico de la tarde dice. –Le contesté con tono áspero.
«Noticias de la actualidad valenciana:
Enrique Darqués, el carismático actor y director valenciano, ha regresado de una exitosa campaña teatral en América. Tenemos la suerte de que ahora se encuentra en nuestra ciudad junto con su compañía de teatro y prepara su reaparición en el emblemático escenario del teatro Ruzafa. Dentro de unos días iniciarán la temporada con un repertorio renovado y lleno de nuevos estrenos, sin embargo, debemos hacernos eco del infortunio que ocurrió durante los ensayos ayer por la noche. Debido a que hacía mucho frío en el escenario se pretendió calentarlo con una estufa de alcohol y ésta le explotó al director de la compañía y le provocó quemaduras de primero, segundo y tercer grado en la pierna derecha. Darqués tuvo que ser atendido en la casa de Socorro de la calle Colón donde, en el primer pronóstico, se valoraron las lesiones como de muy graves. A pesar del desgraciado percance, el señor Edelmiro Bartha, representante de la Compañía, ha anunciado que se proseguirá con la temporada prevista. El primer actor Carlos Somel será el encargado de sustituirle durante su convalecencia. Este gran actor mantiene unos lazos muy estrechos con la Compañía dirigida por Enrique Darqués, pues, su andadura artística, comenzó con ellos. Fue en el año 1928, cuando la compañía de teatro, capitaneada por su insigne director, tuvo que hacer una parada forzosa en el palacio de la población de Piedrahíta, sito en la provincia de Ávila el noble Carlos Somel los conoció y mostró su vocación artística en ese momento. Se unió a la agrupación y abandonó su acomodada posición social para ejercer el arte teatral. Tras realizar varias temporadas en distintas ciudades de la península se embarcó junto a la Compañía que emprendió a finales de ese año una campaña americana. Somel sólo permaneció un par de años en el continente americano y regresó a España ya como primer actor donde formó su propia agrupación con la que viajó por los teatros del país.  Se da la circunstancia de que no había tenido la oportunidad de actuar en nuestra ciudad de Valencia, pero eso pronto será subsanado pues, debido al malogrado percance del director y primer actor Enrique Darqués, anteriormente referido y será Somel el encargado de su dirección. Se nos presenta una nueva temporada del teatro Ruzafa llena de sorpresas por lo que le deseamos un gran éxito a toda la Compañía. »
-Creo que el periodista ha exagerado más de la cuenta, ¿no te parece, Enrique?
-En absoluto, ha estado muy brillante. –Me contestó Darqués con una mueca de dolor con la que demostró la tortura que le provocaban las heridas de la pierna.
-Si no llego a estar allí pensaría que lo que ha contado el periodista era cierto. ¿Cómo se le ha ocurrido decir que fue un incendio con una lámpara? –Exclamó Miguel Máñez tras leer la nota periodística.
-En la prensa se aplica la censura gubernamental. No se puede hablar de todos los daños que provocan los disturbios y menos los de una bomba incendiaria. –Le contesté. –A pesar de todo como soy amigo del periodista y necesitábamos publicidad para llenar el teatro se acordó contarlo de esta forma. Nos hace falta dinero. Tenemos números rojos. El estreno de la obra de Casajuana con tantas máquinas escenográficas nos va arruinar del todo y, para colmo de males, nos faltaba tu accidente.
-No te quejes tanto que ya verás como todo sale bien. –Le calmó Darqués mientras apuraba un vaso de güisqui. –Además, me dijiste que habías localizado a Rosaura y ella es una garantía para que todo marche bien.
-Esa mujer tiene mucho poder, pero no sé hasta qué punto lo podrá ejercer como para influir en la opinión pública y llenarnos los teatros.
-Tranquilo Edelmiro que todo saldrá a la perfección. Carlos Somel es un buen elemento. –Darqués se retorció en la silla por el dolor. –Pero dime ¿cómo se encuentra el resto de la Compañía? ¿Y los tres chicos? Me imagino que cuidas de ellos como si fuesen tus hijos.
En ese instante entró Carmen Caballero con una bandeja para realizarle las curas en la pierna.
-¿Dónde está Natasha? –Le pregunté inquieto.
-Está en la cocina preparando un guiso ruso para Enrique. –Me explicó Carmen con naturalidad. –Y ahora le tocan las curas de la pierna y os aseguro que no es plato de buen gusto, porque, aquí, el caballero, no tardará nada en aullar como un lobo.
-Eso es lo que tengo en la pierna, pero creo que me la devora. –Afirmó Darqués –Sí, id al teatro que yo estoy bien cuidado por estas dos magníficas mujeres.
Tenía ganas de ver a Natasha, pero sabía que no le gustaría que me entrometiese en su trabajo en la cocina, por eso les dije que me despidiesen de ella. Miguel Máñez y yo salimos de aquel piso, cercano al Ruzafa, donde se había trasladado Enrique para estar más tranquilo durante su convalecencia; Miguel Máñez aludió a que tenía que realizar unos encargos para Carlota, su esposa, y se despidió de mí ya casi cerca de la plaza de toros. Me dirigí al teatro. Entré en el almacén y encontré a los tres niños cuchicheando entre ellos. Se les notaba muy preocupados ya no sólo por ellos mismos, sino por el futuro de la Compañía, pues creo que comenzaban a sentirse integrados en el grupo. Batiste, después de su frustrada huida y mi rescate, había desarrollado un cariño paternal hacia mí. En el fondo me complacía esa relación paterna filial, pues, con los otros dos niños, mi trato era distinto; Andreu demostraba tener más independencia a la hora de comportarse y tomar decisiones. Tanto para Batiste como para Librada se había convertido en su hermano mayor. Me pareció que Batiste, el más pequeño, estaba a punto de echarse a llorar. Al verle entrar Andreu se acercó a mí como portavoz de los tres.
-Señor Bartha hemos pensado que nosotros podemos anunciar los estrenos por las calles. –Indicó Andreu con tono decidido. –Iremos a los bares, a los mercados y explicaremos que se presentará un gran espectáculo en el teatro Ruzafa.
-No está mal pensado, chaval. Necesitamos darnos a conocer por la ciudad, pero no hará falta. –La voz que nos hizo a todos enmudecer era la de Carlos Somel que venía acompañado por otro caballero al que nadie conocía. – ¿Qué tal Bartha? Os presento al gran aviador e inventor del autogiro mi buen amigo Juan de la Cierva.
Desde hacía días su nombre sonaba en todas las tertulias debido a sus proezas aéreas y el inminente vuelo que pronto llevaría a cabo en el puerto de Valencia. No me sorprendió que Carlos Somel conociese al ingeniero. Seguramente debían de pertenecer a la misma alianza social y política de la que Enrique Darqués formaba parte.
-Juan es un genio. –Continuó hablando Somel entusiasmado. – Antes de haber cumplido los cuarenta años ya ha conseguido más avances que cualquier otro español en el campo de la aviación. Necesitamos talentos como él para avanzar en este país.
-Gracias Carlos, cada uno hace lo que puede para sacar a España de la miseria.
Durante unos minutos los dos amigos se alternaron en los elogios mientras todos les escuchábamos embobados. Tras ese alarde de camaradería Somel buscó la ocasión para llevarme a parte y me aseguró que en De la Cierva publicitaría nuestra campaña en cada uno de los actos en los que participase. En ese instante entró el impetuoso Fausto Hernández Casajuana que realizó un gran estruendo al derribar una caja de utillaje. Somel, con tono pacificador, le comunicó que se había determinado que se retrasaría el estreno de su obra hasta que Enrique estuviese completamente restablecido.  Mientras tanto y para ganar fondos se representarían otras obras hasta que el director estuviese restablecido. Esta idea disgustó a Fausto y, sin embargo, alegró a Rodolfo, el escenógrafo, que también se encontraba allí y que vio la posibilidad de tener más tiempo para perfeccionar el artefacto de la mano. Tras unos cuantos espavientos de Casajuana terminó por aceptar el retraso y se resolvió que debíamos ensayar alguno de los títulos del repertorio habitual. Carlos Somel dijo con voz de mando:
-Bartha, esta noche representaremos Las huerfanitas de París ¿tenemos todo lo necesario? No era tan sencillo cuadrar a los personajes. Los chicos podrían salir como niños de bulto y quizá, Librada, que parecía bastante espabilada, si le explicábamos un poco el papel de cieguecita, lo interpretaría bastante bien. El problema estaba en que Carmen Caballero, que era la primera actriz, estaba cuidando a Enrique aunque seguro que Natasha podría hacerse cargo de él durante esas horas. –Dejé de hablarle a él y comencé a hacer mis propias cábalas sobre cómo debería organizarse la sesión de esa tarde. Quizá, con un poco de suerte, habría una buena taquilla esa tarde.
En ese instante se dejó de discutir y se comenzó a trabajar sobre la representación más inmediata. Me sentí aliviado. De la Cierva se despidió de todos nosotros con la promesa de que aquella noche se llenaría el patio de butacas con el distinguido público que nos enviaría. Aquel calificativo me hizo dudar ¿a qué se refería con el calificativo de “distinguido público”? Porque muchos de los que presumían de ser altos cargos y poseer buena posición se habían visto envueltos en delitos de estafas millonarias por la emisión de bonos falsos. La consecuencia inmediata habría sido que algunas empresas se habían hundido con esos trapicheos de los que se hacían llamar distinguidos y había llevado a la miseria a más de una familia de obreros de las empresas.
Salí al callejón que comunicaba con el escenario y eché andar meditando con todo lo que sucedía. Pensé en buscar a Rosaura y pedirle ayuda como me había dicho el director, aquella mujer sabía moverse muy bien en todos los ámbitos de la ciudad. Aún no había cruzado dos calles cuando vi como a un mozo de panadería que arrastraba un carrito lleno de bollos de pan y con tan mala fortuna a una de las ruedas se salió del eje y provocó el volcado del vehículo. Los panes se precipitaron al suelo, cayendo, más de uno a un charco de barro y un grupo de mujeres se abalanzaron sobre los bollos manchados. Entre ellas se empujaban por recoger alguna hogaza de pan aunque estuviese mojado por el barro. Rápidamente vino un guardia, pero todas salieron corriendo con aquel mísero botín de pan embarrado. Me entristeció ver aquella miseria provocaba por la desidia del hambre.
Me quedé pensativo, aunque me sacó de mi ensimismamiento escuchar que alguien gritaba mi nombre. Se trataba de Rosaura toda vestida de negro destacaba por su pañuelo de vivos colores.
-Edelmiro, me he enterado que a Enrique se le ha chamuscado un poco la entrepierna. –y soltó una carcajada de su propia ocurrencia.
-Querida Rosaura, no seas tan mal hablada. Enrique se ha quemado la pierna a la altura de la pantorrilla y no ha llegado hasta donde tú insinúas.
La contagiosa risa de aquella mujer también me hizo reír.
-¿Dónde se encuentra tu jefe? Tengo ganas de echarle una ojeada.
-No está en el teatro ni en la pensión; se ha mudado a un piso para estar más tranquilo. Carmen Caballero y Natasha Ivanoff lo están cuidando.
-¿Esa Natasha es la rusa que dice ser duquesa? –Me preguntó mirándome con curiosidad.
-Es una duquesa rusa. –le contesté con firmeza.
-Humm, Edelmiro, te has enamorado de ella. Lo veo en tus ojos.
-¿Y te parece mal que así sea? –Le respondí con rapidez y algo envalentonado por mi orgullo de amante.
-No, al contrario, el amor es bonito si no hace daño al que lo siente. Ten cuidado, nunca sabes cuántas espinas puede esconder una rosa.
Aún no había terminado de decirme aquello cuando me fijé que en el interior de una de las cafeterías que había en aquella calle se veía a una pareja abrazada. Sólo le veía la cara a él, un hombre rubio de ojos muy claros que levantó la cara me miró y, entonces soltó a la mujer que abrazaba, pero cuál fue mi sorpresa al ver que aquella mujer era Natasha Ivanoff.






6 comentarios:

  1. http://detrasdelaestanteriailustrada.blogspot.com.es/2017/02/08-el-reencuentro-con-natasha-ivanoff-y.html

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  2. http://detrasdelaestanteriailustrada.blogspot.com.es/2017/02/07-batiste-en-el-teatro-circo-apolo.html

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  3. como haces para escribir tanto y tan bello! es muy lindo y trabajas un montón. gracias por estas perlitas que encuentro en tu blog! saludosbuhos!!

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    1. Me gusta el mundo del teatro del siglo pasado y dejo a mi imaginación libre fantaseo con los personajes. Eres una lectora maravillosa. Gracias por asomarte a mi blog.

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  4. De Juan López Gandía Muy bueno, Francisca, me ha gustado mucho y más aun con las referencias a la duquesa Nastasha, " transparente como el vapor de agua y otras impenetrable como el acero" y con ese final soprendente como siempre cada vez que hay nuevas andanzas oscuras de la duquesa rusa. Curioso y poco concoido lo de Juan de la Cierva, chistoso lo de la quemadura de la entrepierna y un toque social y de denuncia sobre el "distinguido público", por un lado, y la escena en que caen los panes por el barro...

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    1. Gracias Juan, siempre me animas a continuar. Sé que te gustan estos personajes, aunque me han dicho que son decimonónicos. En fin, hay opiniones para todos los gustos. Seguiré con un poco de calma para perfilarlos más. Gracias por leer y comentar mis relatos. Eres mi lector, mi verdadero lector.

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