sábado, 17 de abril de 2021

LA LIBERTAD DE LOS PÁJAROS

 Siempre me han gustado los pájaros. Quizás su vida sea corta, pero seguro que es tan intensa. Cuando era pequeña paseaba muchísimo con mi padre por la huerta. A él le encantaba explicarme detalles sobre las plantas que veíamos, los árboles y me enseñaba a distinguir el canto de los pájaros para poder apreciarlo. ¡Quién pudiese regresar a esa época y sentir esos momentos de infancia con los ojos de la experiencia de los años!  Puede que sea imposible, pero, al menos nos queda la fantasía para evocarlo a nuestro antojo.


Cuando era pequeña tenía un vecino que criaba pajaritos. Un día, me regaló un gafarrón o verdecillo. Aquel pajarillo era tan pequeño, tan poquita cosa que parecía perderse en la jaulita. Durante un buen rato lo estuve observando para aprender sus movimientos y observar su hermoso plumaje de color verdoso. Tras la intensa observación decidí verlo de cerca. Abrí la puerta de la jaulita e introduje mi manita para cogerlo. Debió de asustarse mucho al ver algo tan grande que se le acercaba peligrosamente. El gafarrón corrió de un lado a otro del espacio hasta encontrar un resquicio por el que poder huir de la posible amenaza que era mi mano. Fue visto y no visto. Salió volando. Me desilusioné porque no pude verlo de cerca. Mi padre me explicó que era mejor escucharlos cantar por la huerta y disfrutar de su alegría de ser libres.

Mi padre no tuvo mucha suerte durante su infancia. Como a todos los de su generación, la maldita guerra les destrozó el futuro, aunque, como muy bien él mismo decía, fue peor la posguerra llena de hambre y miserias. No me contó mucho. Prefería callárselo para sí mismo y ahora siento mucho no haberle tirado de la lengua para que me contase más cosas. Creo que me han faltado muchas facetas de su vida por descubrir y que he necesitado sin saberlo.

sábado, 20 de marzo de 2021

MI FAMILIA: MI PADRE

 

Mi padre era inventor. Se inventó una vida en medio de la nada. También fue artista. Representó la belleza con sus únicas manos. Se dejó la piel por construirlos un mundo un poco más justo y digno. Fue explorador, pues buscó la felicidad donde ésta parecía encontrarse. Todos los homenajes que le pueda hacer serán pocos, puesto que él me lo regaló todo.

sábado, 13 de marzo de 2021

8 DE MARZO DEDICADO A MI MADRE

 

Un día como hoy se podría y se debería hablar de cada una de las mujeres trabajadoras que han formado parte de nuestras vidas, pero me temo que la lista sería larguísima. Cada uno tendrá su propio ejemplo, yo pondré a mi madre. Es una mujer infatigable ante las adversidades; curtida por la sinrazón de una guerra y por la cruel posguerra que tanto le robó, se ha reinventado más de cien veces para hacerle frente a la vida. Esta es mi dedicatoria para este día de la mujer trabajadora.



domingo, 7 de marzo de 2021

MI FAMILIA: PAQUITA Y TONET

 


Esta fotografía no es nada de lo que aparenta. La joven de luto sólo tiene 17 años. Viste de negro porque ha fallecido su madre. El niño que tiene sentado sobre sus rodillas es su hermanito más pequeño. La cara de tristeza del bebé refleja la situación de la madre ausente.
Podéis pensar que me lo estoy inventando, pero no, no es ese el caso. Tanto la jovencita avejentada como el bebé triste eran los hermanos de mi abuela paterna. Ella, Paquita, era la hija mayor y murió de fiebres tifoideas y él, el bebé Tonet, murió al poco tiempo también.

MI FAMILIA PERDIDA: FELIX Y CARMEN


 Félix y Carmen son dos de mis antepasados familiares. Estos dos niños, que sonríen al fotógrafo, vivieron una juventud accidentada como todos aquellos a los que les tocó sufrir la Guerra Civil. Felix combatió en el frente marino. Resulta curioso, siempre se habla de la contienda terrestre o aérea, pero pocas veces se narra la que tuvo lugar en alta mar.
Carmen sufrió el exilio. Huyó, junto a su padre, ya viudo, y una tía materna, a Francia. Allí, como muchos, se vio atrapada por el estallido de la Segunda Guerra mundial. Fueron momentos difíciles para todos, aunque imagino que a ella le resultarían más complejos cuando tuvo que elegir entre regresar a España, junto con su padre, o emprender una aventura hacia Yugoslavia, el país de uno de los refugiados a quien conoció y del que se enamoró.
Las vidas de estos hermanos se distanciaron, pero, a pesar de todo, nunca perdieron el contacto entre ellos. Hubo muchos reencuentros que deben ser recordados, o al menos así lo considero yo
.

Familias fracturadas que nunca se reencontraron y se desconocen por completo. A Félix tuve la gran suerte de conocerlo. Era una persona maravillosa. No tenía nada propio porque adoraba todo aquello que uniese a la familia. A Carmen nunca tuve la oportunidad. Era la figura familiar que se vio atrapada tras el telón de acero.

domingo, 20 de diciembre de 2020

NORMA

 En el escenario hay un telar. Por el suelo hay unas bobinas de hilos de distintos colores y telas de varios estampados. Se escucha el sonido del telar como si estuviese en marcha. Hay unas sillas tiradas junto a unas cajas amontonadas. Entra una mujer vestida con pantalón vaquero y una camiseta de manga corta. Mira el telar. Aprieta un botón para pararlo. Cesa el sonido del telar en marcha. Se vuelve al público.

Me llamo Norma. Tengo treinta y seis años y sigo viviendo en casa de mis padres. Ese podría ser el resumen de mi vida en una línea. Sencillo y frágil. Es lo que hay. Estoy segura de que más de uno se preguntará ¿y tú por qué no has cambiado de ciudad, de vida? ¿Acaso no has tenido ninguna oportunidad para salir de la casa de tus padres? ¿sigues soltera o no quieres ninguna complicación en tu sórdida vida?

¡Por supuesto que he tenido oportunidades! Una no será una belleza, pero ha disfrutado de una adolescencia y una juventud y, sobre todo, sigo siendo joven, porque una no es vieja con treinta y seis años. A ver si dejamos las cosas claras, pero lo cierto es que con lo que gano, no me alcanzaría ni para pagarme una habitación en uno de los peores hostales de la ciudad. He tenido suerte. Mis padres son buenos conmigo y me consienten que continúe ocupando una habitación de su casa. Lo son hasta el punto que ni me cobran alquiler por ella. No son ricos, pero saben que mi sueldo es tan bajo que no podría vivir sola. Les ayudo con los gastos de luz y agua y la comida, ¡ah! la comida, eso ya es otro cantar. Pero no, no te creas que esa es la vida que yo imaginaba que me esperaba, ni tampoco pienses que me conformo con mantenerla así hasta el final de mis días. No, no soy una conformista, como piensas que lo soy. Al contrario, soy más valiente de lo que te puedas ni imaginar. Vivo como puedo porque las circunstancias me llevaron a tener que aceptar este trabajo que parece lo único que exista en esta ciudad, pero no te creas que tenía mejor alternativa si hubiese continuado con Pedro. Con él era otra cosa. Desde el instituto fue Pedro el que me rondó. Mis amigas se reían de él y yo era la única que no me burlaba de su tartamudez. Me daba lástima y lo que me acercó a él fue más un sentimiento de cariño que de amor. Cuando acepté vivir con él, esperé a que todo funcionase. Él me había prometido un techo alternativo al de la casa de mis padres. Quería que me sintiese como la reina de su casa, de aquella casa, heredada de sus padres, que se desmoronaba por todas partes. Os prometo que lo intenté. Os lo juro. Luché por cada ángulo de las paredes que se desconchaba y por los azulejos que se caían con sólo rozarlos con el trapo para limpiarlos, pero, al final, la desidia de ese hogar inhóspito me venció. Ya no podía más. Aguanté lo que pude. Lo mejor era irnos de esa casa. Buscar una en más buenas condiciones. Se lo dije a Pedro. Esperaba de él que lo comprendiese. Si hubiese hecho lo que le indiqué, con lo que nos hubiesen dado por la venta de aquella ruinosa casa, podríamos haber comprado algo en más buenas condiciones. (Hace una pausa. Se mueve por el escenario. Hace mención de volver a hablar, pero se detiene. Vuelve al mismo punto de partida. Retoma la palabra.)Nunca imaginé que pudiese reaccionar cómo lo hizo. ¿Hasta qué punto una persona puede esconder su verdadero carácter? ¿Y tanto tiempo? Los médicos me dijeron que había tenido mucha suerte con el ojo. Que sólo había perdido el 60 % de la visión. Y que otros, con un golpe más leve, incluso habían perdido el ojo. ¿Os imagináis lo que habría sido para mí tener que llevar un parche toda la vida? No, no quiero ni pensarlo. Cuando salí del hospital, con la cara magullada y la venda sobre el ojo, tuve oportunidad de verlo. Estaba cabizbajo, junto al coche de los policías. Me imagino que estaría esperando mi perdón, pero eso no lo conseguirá, vaya que no. Una tiene su dignidad y no puede dejar que la pisoteen por sólo exponer una opinión; al menos así es como lo pienso y lo siento. 

(Se acerca a las sillas. Levanta una de las que están tiradas. Se acerca a las cajas. Rebusca algo en el interior de una de ellas. Saca un destornillador. A continuación, continúa hurgando en la caja. Saca un delantal corto con varios bolsillos. Se lo pone. Introduce el destornillador en uno de los bolsillos.)

Cuando tuve el ojo bien decidí que tenía que volver a la fábrica. Había de ayudar a mis padres fuese como fuese. Ellos me admitieron en casa, me cuidaron sin esperar nada a cambio. En la fábrica, al principio, todas me miraron como si hubiese cambiado, como si fuese un bicho raro, aunque poco me importó. Tomé mi destornillador, mi mandil de fabriquera y me coloqué detrás del telar. Cada metro de hilo que tejía se convertía en un dinero que no tenía. Y como yo todas que aquí la que más o la que menos viene a trabajar para comer. Nosotras, y digo nosotras incluyendo a los hombres que trabajan en esta fábrica, nos ganamos el pan con el sudor de nuestra frente y con los hilos que se entrecruzan en este telar. Cada uno de los agujeros que se hace en el tejido se convierte en un agujero negro en nuestro sueldo, porque la tela no avanza y los metros menguan junto con la nómina.

No recuerdo ni una vez el que Pedro se interesase por mi trabajo, quizás es que no le importaba lo más mínimo ¿qué debió de pasar por su cabeza cuando me propinó aquel golpe? ¿o sería cierto lo que alegó en la comisaría de que sólo fue un momento de ofuscación?

No, Pedro, no me vale esa excusa. No puedes decir que perdiste los estribos y que no sabías qué hacías. No, no se puede ir pegando a nadie, por el mero hecho de que no diga o haga lo que tú deseas. Parecerá mentira, pero ese golpe que me diste y que casi me hace perder el ojo, me hizo ver las cosas más claras. Por el hecho de ser mujer no debo aguantarme todo lo que me venga encima de vosotros, los hombres. Pedro, soporté tu tartamudez y tus frustraciones porque pensaba que era lo que debía hacer cuando compartía techo contigo, sin embargo, cuando sucedió aquello, entendí que no tenía nada que soportar y que lo único que me unía a ti era un sentimiento de compañerismo. Tú y yo hemos sido unos fracasados toda la vida, aunque tú más que yo. Sí, admítelo. No, no te guardo rencor. Eso sería conservar algún sentimiento hacia ti y, la verdad, no tengo ninguno. Es como si entre tú y yo no hubiese existido nada. El tiempo que pasé contigo ha desaparecido de mi memoria borrado por el viento que arrastra todo aquello que no tiene una base a la que agarrarse a la tierra. No me importa nada de lo que puedas decir o pensar o intentar para que te perdone. En lo que concierne a mí misma, estoy en paz con ese pasado que, al parecer, llegamos a tener en común. Ahora sólo pienso en el presente.

Me preocupo de mis padres y del bienestar de mis compañeras. Llevamos más de una semana en huelga. Reclamamos lo que es nuestro. No pedimos más. Nos han dicho que nos moriremos de hambre si el amo de la fábrica decide cerrar y trasladarse otra parte. Ese peligro existe, pero lo que no podrá llevarse, si se cambia de ciudad, es nuestra dignidad de trabajadoras. Todas necesitamos el sueldo, pero no las migajas del que gana tanto que quiere también el sudor de nuestras frentes.

(Se acerca a una de las sillas. Se sienta. Mete las manos en uno de los bolsillos del delantal. Saca un destornillador y una aguja. Ambas las muestra al público.)Estas son nuestras únicas armas y con ellas nos defenderemos hasta que consigamos lo que es justo. 

Toma un cartón que hay dentro de una de las cajas. Escribe algo y luego lo muestra al público. Se puede leer.

GRACIAS NORMA RAE.


 

sábado, 12 de diciembre de 2020

DOBLE JUEGO


La acción transcurre en un bar. Es un local lleno de mesas y con mucha gente. Al fondo hay una barra con dos camareros que sirven y reparten copas y tazas de café continuamente. Hay mucho humo en el local porque los clientes fuman constantemente. Hablan casi todos a la vez. Sanchis y Baixterra están sentado en una de las mesas. Sanchis es un hombre de unos cuarenta años. Viste traje de chaqueta muy gastado por el uso. Baixterra debe de estar por la treintena. Viste un traje de chaqueta raído. Sus zapatos están muy desgastados. Sobre la mesa tienen muchas cuartillas esparcidas junto a dos tazas de café.

Sanchis

¿Cómo has podido hacer una cosa así?

Baixterra

No tuve otra opción.

Sanchis

¡Eres un irresponsable!

Baixterra

No, no, te equivocas.

Sanchis

No lo niegues. ¿Has actuado por tu cuenta?

Baixterra

(Toma un papel que hay sobre la mesa y lo hace a tiras) En cierta manera sí.

Sanchis

¿Cómo que en cierta manera?

Baixterra

Tú lo desconoces todo. No sabes lo que es vivir con el miedo a cuestas.

Sanchis

¿Pero lo has comunicado al resto de compañeros del sindicato?

Baixterra

Estar en la ruina total te hace tomar algunas decisiones que, hasta entonces, ni habías imaginado.

Sanchis

¿Lo sabe Zacarías?

Baixterra

Es muy sencillo ser valiente cuando tienes una cama y un plato de comida aseguraos cada día, pero cuando te encuentras en medio de la nada ¿qué crees que es lo que te ves obligado a hacer? Pues, claro… ante la presión, uno hace lo que sea con tal de seguir vivo.

Sanchis

Déjate de escusas. Tienes que hablar con Zacarías o con cualquiera del sindicato para resolver el grave problema que nos has creado.

Baixterra

Me miro al espejo cada día de vuestras caras y sólo veo a un pobre desgraciado al que mantenéis por lástima y porque os llamáis solidarios. Sí, sí, ya sé que no está nada bien lo que he hecho, pero, tampoco quiero justificarme con lo que digo, aunque, compréndelo, es lo único que podía hacer para salvarme. Sí, salvarme. Eso es lo que he hecho.

Sanchis

¿Pero comprendes la gravedad de la situación? Con tu proceder nos has hundido a todos.

Baixterra

No, no es para tanto. Estoy seguro de que si lo explico con calma todos me entenderán. Si yo fuese un traidor, ahora mismo, me encontraría bien lejos de aquí para evitar vuestra represalia, ¿no crees?

Sanchis

Has actuado sólo pensando en ti y en nadie más.

Baixterra

¿Cómo te atreves a juzgarme?

Sanchis

Yo no te juzgo. Eres tú el que ha provocado toda esta situación.

Baixterra

Me parece increíble que me reproches nada. No sabes nada de mí. Ni te has molestado en conocer cuál es mi situación. Estas juzgándome sin saber los motivos que he tenido para hacer una cosa así.

Sanchis

Todos venimos del mismo sitio.

Baixterra

¡Qué sabes tú de dónde procedo! Mi vida siempre ha sido un infierno. Nunca he tenido ni un minuto de felicidad ni desde el primer momento en el que abrí los ojos a este mundo. Me he partido la cara para poder sobrevivir y llegar hasta donde he llegado. Nunca he conocido a mi padre y mi madre. Me vendieron al mejor postor en cuanto pudieron deshacerse de mí. Me crie en medio de una pocilga y sólo logré salir de ella gracias a la ayuda y simpatía que desperté en uno de los hijos del amo que me tomó como criado. Yo hacía todo aquello que a él no le apetecía. Iba a los lugares que él despreciaba y que, sin embargo, yo añoraba. Puede aprender a leer y escribir porque el amo odiaba madrugar para ir a las clases de su maestro. Y así, poco a poco, con aquello que el rico desperdiciaba, adquirí los conocimientos que nunca habría conseguido por mi condición de desheredado de la tierra. Recogí todo aquello que el rico haragán tiraba y lo convertí en algo mío, algo útil sólo para mí con el fin de así poder salir de la condena de la miseria. Aunque no te lo parezca, no me resultó sencillo. Tuve que estafar y robar hasta conseguir el título que me avala y que sin él nunca me habrías admitido en vuestro sindicato. Permanecí de criado de aquel rico haragán hasta conseguir todo lo que necesitaba; un día decidí abandonar a mi amo, pero para ello tracé una pequeña venganza. Tenía que devolverle todo el dolor que, en más de una ocasión, me había causado sin ningún motivo. Una noche, cuando estaba dispuesto a reunirse con sus amigos de juergas, le preparé una pequeña emboscada para que lo detuviesen y lo enviarán a la cárcel. Sabía que no tardaría mucho en salir, porque llamaría a su padre, el gran prócer de la jurisprudencia de la ciudad, lo que no imaginaba era que las cosas no saliesen como las había planeado, sino que se complicarán tanto y el asustadizo señorito, terminase muerto por uno de los delincuentes que había en los calabozos.

Sanchis

¿Te refieres al asunto del hijo de los duques?

Baixterra

Sí. Nunca olvidaré aquella noche. Me había refugiado en los alrededores de la cárcel. Quería ver su rostro cuando saliese. Quería ver su expresión de miedo y asco por haber tenido que pasar una noche entre los peores tipos de la ciudad, sin embargo, cuando vi el revuelo que, en pocos segundos, se formó, comprendí que mi plan no había salido cómo lo había imaginado. Me impresionó el rostro de su padre, blanco como la cera, acompañando a uno de los policías de la comisaría. Me enteré de que se habían dado todas las premisas para un desastre y yo las había propiciado. Lo primero que pensé fue en huir, pero sabía que no me serviría de nada el hacerlo, su padre era muy poderoso y me encontraría con toda facilidad. No, no podía ni quería huir. Debía hacer frente a la situación. Salí de la penumbra y caminé hasta donde se encontraba el duque. Al verme no se extrañó, pero tampoco pensó que yo tuviese algo que ver con la desgracia de su linaje.

Sanchis

Te regodeaste con su dolor.

Baixterra

¡Te equivocas! Yo no soy una mala persona. Ni guardo rencor a nadie por ser más rico que yo lo pueda ser nunca.

Sanchis

No sólo eres un cínico, sino que también eres un gran embustero. Nos has engañado a todos. Llegaste al sindicato haciéndonos creer que te importaba la solidaridad con los desfavorecidos, pero, en realidad, lo único que hacías era jugar a un doble juego. No te importa nada que no concierna a tus intereses. He sido un estúpido al confiar en ti y creerme toda tu palabrería, porque, de eso andas bien servido. Las clases que el desgraciado de tu amo no tomó, bien que las aprovechaste tú. Con tu apostura de persona cortés y sensata has sabido engañarnos y hacernos creer tienes grandes ideales, aunque lo único que te mueve es el ansia de ganar dinero y poder. Tu única aspiración siempre ha sido la misma y es la de conseguir el estatus quo que no tenías por circunstancias de la vida.

Baixterra

¿Qué hay de malo en procurar salir del fango al que la vida me había condenado?

Sanchis

Nada, salvo si para lograrlo hundes a otro en él de forma que llegue a perder su vida.

Baixterra

Yo no tengo nada que ver con lo sucedido.

Sanchis

Por supuesto que eres culpable.

Baixterra

¿Vuelves a acusarme?

Sanchis

No soy juez, pero los hechos te delatan.

Baixterra

Tú, el que presume de una moral intachable y que no dudó en abandonar a sus propios hijos por sus ideales.

Sanchis

¡Qué! ¿Cómo te atreves a decirme eso?

Baixterra

Duele la verdad cuando tienes que asumirla.

Sanchis

Eres un infame.

Baixterra

No hay tanta diferencia entre tú y yo. Tú has barnizado tu vida de una apariencia agradable, pero estás igual de podrido que yo.

Sanchis

No, no vas a conseguir involucrarme en tus tejemanejes.

Baixterra

No hace falta. Ya lo has hecho tú mismo.

Sanchis

¿Cómo? ¿Qué es lo que quieres decir?

Toma a Baixterra por las solapas de la chaqueta. El barullo que hay a su alrededor se para. Se hace el silencio. Todas las miradas se posan en ellos dos. Baixterra le toma las manos. Ambos se levantan de la mesa. Se aguantan la mirada.

Baixterra

No te hagas el inocente. ¿Recuerdas aquella carta que escribiste?

Sanchis

¿De qué me hablas?

Baixterra

Sabes perfectamente de qué te estoy hablando.

Sanchis

(Vuelve a tirar de la chaqueta de Baixterra.) ¿Dónde la tienes? Dámela.

Baixterra

(Tira de sus manos para que lo suelte. Se alisa las solapas arrugadas.) No te alteres. La tengo muy bien guardada. Esas cosas las protejo porque sé que, de alguna manera, ellas también me protegen.

Sanchis

No serías capaz de…

Baixterra

Ten por seguro que sí lo haría llegado el momento. (Sanchis Levanta un puño de manera amenazadora.) ¿Vas a pegarme, tú, Sanchis Gálvez, el secretario general del sindicato la Confianza? (Mueve un dedo negando) No, no, no, eso no es un buen ejemplo para tus colegas, tus camaradas, tus hermanos en el espíritu de la no acción de la paz.

Baixterra se separa de la mesa y de Sanchis. Habla al público.

Baixterra

Todos han sido testigos de lo que ha ocurrido. Sanchis Gálvez, el que presume de su talante de buena persona, termina de mostrar su verdadero rostro violento al querer golpear a una persona indefensa.

Sanchis de aleja de Baixterra. Mira a todos los que se encuentran en el local y con la cabeza baja sale.

Baixterra

¿Habéis visto? No ha hecho ninguna falta mostrar el documento que le he nombrado. Lleva la culpa escrita en el rostro. Yo, Tino Baixterra he sido capaz de desenmascararle con una sola frase. ¿Quién es el cínico tú o yo?

Baixterra se vuelve para mirar, con la cabeza alta, a todos los que están en escena. Ríe. Se arregla el nudo de la corbata. Se coloca la chaqueta en el sitio e inicia su retirada hacia uno de los laterales del escenario cuando se escucha un disparo. Se lleva la mano al pecho. La muestra llena de sangre. Se encoge y cae.

Oscuro.

 

 

 


 

 

 

 

jueves, 26 de noviembre de 2020

RETORNO AL PASADO



I

En una sala de estar hay una mesa con un ordenador y muchos papeles por encima y en el suelo. Elena se encuentra sentada a la mesa. Escribe en unas cuartillas. De vez en cuando mira la pantalla del ordenador. En un momento dado deja de escribir. Se levanta y se dirige a la ventana. Cojea de la pierna derecha. Aparta la cortina. Se ilumina la ventana con el reflejo de las luces de un coche que llega. Se escucha el sonido de los frenos al detenerse. Elena, intentando cojear lo menos posible, se dirige hacia el otro extremo del escenario donde se encuentra la puerta. La abre. Entra Octavio. Es un hombre alto, de complexión fuerte, de mediana edad. Va vestido con un traje de chaqueta. Elena le da un beso en la mejilla. Él no le demuestra mucha afectividad.

 

Elena

Has tardado mucho. Estaba preocupada.

Octavio

Sólo he estado media hora.

Elena

Pues se me ha hecho eterna. (Vuelve a sentarse frente al ordenador.)¿Había mucha gente?

Octavio

(Se dirige hacia el ordenador y lee la pantalla.) Sólo la familia.

Elena

¿Qué aspecto tenía Campoy?

Octavio

(Con sarcasmo.)El de un muerto. ¿Cuál esperabas que tuviese?

Elena

Me refería a si se encontraba muy desfigurado.

Octavio

Puede que sea la primera vez, desde hace mucho tiempo, que lo haya visto sereno. 

Elena

Octavio, no bromees con esas cosas y menos con Campoy.

Octavio

¿Qué quieres que haga? Las cosas son así y ya está. Lo nuestro con Campoy ha sido una amarga historia desde siempre, pero ya ha terminado.

Elena

¿Tú crees? Hay cosas que no se solucionan ni con la muerte.

Octavio

(Tajante)Elena. Las cosas ocurrieron y punto. No se puede volver atrás.

Elena

(Se vuelve sentar en la silla, frente al ordenador.)¿Te encontrarse con Gosta?

Octavio

No. Pregunté por ella, pero me dijeron que había salido a comer.

Elena

¡Mucho mejor! Yo no habría podido enfrentarme a su mirada. 

Octavio

Sí, yo también lo pensé, pero he tenido suerte de no tener que encontrarme con ella.

Elena

Gosta nunca nos lo perdonó.

Octavio

Pues no tenía ningún motivo; al fin y al cabo, la que salió más malparada fuiste tú.

Elena

Te equivocas, Campoy fue el que se llevó la peor parte.

Octavio

Pues él nunca protestó por lo que le hicimos. En más de una ocasión dijo que nos perdonaba.

Elena

Era discreto y se guardaba su ira para él solo. Hubiese preferido que me lanzase algún insulto por lo sucedido y sus consecuencias a esa sonrisa sardónica que me dedicaba como si no hubiese pasado nada.

Octavio

¡Tonterías! Campoy nunca mostró rencor. En algunos momentos, se mostraba como si se alegrase de cómo se encontraba.

Elena

¿Alegrarse? ¿Cómo puedes pensar eso? ¡Eso es imposible! 

Octavio

¿Y qué? Al fin y al cabo, él podría haberse provocado el mismo daño sin que nosotros hubiésemos tenido nada que ver.

Elena

¿Eres consciente de lo que estás diciendo? Así sólo pretendes justificarte. Sigues teniendo remordimientos.

Octavio

(Contundente)¡Ninguno!

Elena

No me mientas. Sí, te sientes culpable por todo lo que le sucedió a Campoy por culpa nuestra, pero nunca has tenido el valor de confesarlo.

Octavio

Te equivocas. No estoy arrepentido de nada. Uno debe ser consecuente de todos sus actos, tanto en el presente como en el pasado.

Elena

(Se levanta cojeando. Se acerca a Octavio. Lo toma por las solapas de la chaqueta y lo zarandea.)La culpa de todo lo que sucedió es de los dos. Te guste o no. Ahora, después de la muerte de Campoy, no voy a cargar con todo yo sola.

Octavio

(Le aparta las manos de las solapas.)Estas muy equivocada.

Oscuro.

 

 

II

Elena y Octavio entran en la habitación.  Van vestidos con ropa de verano. Elena no cojea. Octavio la abraza. Le besa en el cuello. Le susurra algo al oído que a Elena le provoca una carcajada.

Elena

¡Tonto! ¿Cómo puedes pensar eso de Campoy?

Octavio

¿Por qué no? ¿No viste lo nervioso que se puso al ver los nuevos balances?

Elena

(Riendo)Sí, de eso sí que me di cuenta; primero se puso pálido y después rojo como un tomate. Por un momento pensé que le iba a dar un infarto. 

Octavio

¿Cómo se puede ser tan idiota y jugarse todo lo que tiene a una única carta? Campoy siempre ha confiado en su buena suerte y como hasta ahora no le ha ido mal, sigue usando la intuición. Elena

Desde siempre ha sido un as de la bolsa. Se siente seguro entre balances y las subidas y bajadas de la bolsa.

Octavio

Si todo se le va al traste entonces es cuando se pone desagradable con todos, con esos aires de superioridad que se suele dar. Merece que alguien le dé un escarmiento. Verías cómo se le bajaba esa tontería que le hace sentirse superior.

Elena

Si ocurriese eso seguro que se hundiría por completo y, entonces, Gosta lo dejaría.

Octavio

¡Seguro! Gosta sólo busca a los triunfadores, por eso me rechazó.

Elena

No eres el único. Campoy también me dejó.

Octavio

(La abraza)Bueno, tampoco nos vino mal que lo hiciesen ¿no crees? 

Elena

Sí, ese fin de semana fue decisivo para los cuatro. Gosta y Campoy nos apartaron de sus vidas.

Octavio

Gosta está acostumbrada al lujo y Campoy vivía para ostentarlo así que los dos estaban hechos el uno para el otro. Te has tenido que conformar con lo peor que soy yo.

Elena

¡No digas tonterías, Octavio! Tú eres lo mejor que me ha podido pasar en esta vida. Ni te imaginas lo difícil que resultaba vivir con Campoy sobre todo cuando había bebido unas copas de más. Antes de marcharse con Gosta estuve, en más de una ocasión, a punto de dejarle. 

Octavio

La bebida le dio más de un problema, pero. Después de aquel escándalo que tuvo con el director de la empresa se rehabilitó o, al menos así se muestra cuando va a las reuniones y, en público, rechaza todo lo que tenga alcohol.

Elena

Para Campoy el dinero es su única adicción. No lo rechazaría por nada del mundo.

Octavio

¿Ni por Gosta?

Elena

Creo que ni por ella.

Octavio

Quizás perder a Gosta sea lo que más le duela. 

Elena

Hagamos la prueba. Le hacemos elegir entre el dinero y Gosta. Seguro que duda.

Octavio

¡Es una gran idea! Me encantaría ver qué hace.

Elena

Pues entonces… ¿por qué no? Lo primero sería atacarle por las finanzas. No resultará muy complicado hacerle creer que ha perdido todas las acciones y contratos de la empresa. Bastaría con que falseásemos los últimos balances del mes pasado. Después dejamos actuar al resto de los accionistas. Lo primero que harán será retirarle la confianza y, a continuación, dejarlo en la calle (entre risas)y te aseguro que la estirada de Gosta no tardará ni dos minutos en abandonarle.

Octavio

¡Seguro! Ella sólo está con Campoy por lo que representa y por el puesto que tiene dentro de la empresa, por el carné del club náutico, el de golf y por las fiestas de ‘amigos vip’ que se reúnen cada sábado a jugar a las cartas y a hacer negocios con el dinero de los demás mortales. 

Elena

Ya me imagino la reacción de ambos. Me encantaría ver la expresión de Campoy cuando se enterase de que todo formaba parte de lo que él llama el destino de las finanzas.

Octavio

(Se frota las manos)Creo que nos divertiremos mucho. Yo me encargo de los balances y las acciones. Con retocar unas cuentas, en un instante está todo hecho. (Se sienta frente al ordenador. Toma unas hojas de las que hay sueltas por la mesa. Se levanta. Se dirige hacia la puerta.)Voy a la oficina y lo cierro todo. Daré el aviso al banco. Mientras tanto, deberías llamar a Gosta para ir tanteando el terreno.

Elena

Pero si le digo algo, puedo precipitar las cosas. 

Octavio

Nada de eso. Necesitamos que ella sea la que avise a Campoy de que las cosas no funcionan como imaginala. Seguro que le da el susto de su vida.

Elena

¡Sí! Espero divertirme mucho cuando vea a Campoy desesperado por perder lo que más atesora: su dinero y con él a Gosta, su chica de lujo, como él la llama.

Octavio

Si no fuese porque te conozco muy bien, pensaría que tienes celos de Gosta.

Elena

¿Celos? ¿De esa tonta de remate? ¡Por supuesto que no! Es verdad que me dolió el que se fuese con Campoy, pero, ya sabes que no hay mal que por bien no venga; por ella te encontré a ti y mi vida cambió a mejor.

Octavio

¿A pesar de que yo no te pueda ofrecer todo lo que tiene Campoy?

Elena

(Lo abraza y besa con pasión.)Hay cosas más importantes que el dinero y el éxito profesional. Pero no perdamos tiempo, vamos a darles un buen escarmiento a esos dos imbéciles. Estoy segura de que no lo olvidaremos nunca en la vida.

Octavio

(La vuelve a besar.)Sí, será una buena jugarreta. Me voy a la oficina.

Elena

(Descuelga el teléfono. Marca un número.)¿Gosta? ¡Hola amiga! 

 

Oscuro


 

III

Elena se ha vuelto a sentar en la mesa frente al ordenador. Observa la pantalla. Hace un gesto de sorpresa. Se hace hacia atrás. Intenta levantarse con rapidez, pero no puede por su pierna. Casi se cae. Octavio acude a sostenerla.

Octavio

¿Qué ocurre? 

Elena

¿No has visto la noticia de la prensa?

Octavio

No, he venido directamente desde el tanatorio a casa.

Elena

En las últimas noticias hablan de la muerte de Campoy.

Octavio

Es lógico. Era un personaje influyente de la política.

Elena

Sí, pero es que están anunciando que su viuda, Gosta, ha aparecido muerta. Todos los indicios señalan a que se ha suicidado.

Octavio

¿Qué? ¡Eso es imposible! Si no hace más de media hora que he estado allí y…

Elena

Y no la has visto porque se había ido a tomar algo…

Octavio

(Se abalanza hacia el ordenador. Mueve el cursor. Lee algo en la pantalla.)Debe de ser alguna noticia sensacionalista que la prensa rosa debe haberse inventado. 

Elena

No, Octavio, puede que Gosta estuviese más enamora de Campoy de lo que imaginábamos. Ya viste su reacción cuando, aquel día le conté la bribonada que habías preparado para hundirlos. En vez de reaccionar como una diva, se agarró a Campoy como una lapa y se precipitó al desastre junto a él.

Octavio

Bueno, pero ha pasado mucho tiempo de aquello y ella no es dada a hacer melodramas de todo.

Elena

(Abatida) Lo ha vuelto a hacer. Gosta me ha ganado la mano otra vez. Cuando le llamé y le conté la patraña de que Campoy se había arruinado, que había perdido todo lo que poseía, en vez de largarse de su vida, como yo había pensado que haría, se cogió a él como si fuese una heroína. Nunca imaginé esa reacción de mártir que se sacrifica por el amor. ¿Quién iba a suponer que ella, acostumbrada a los lujos, a los abrigos y vestidos caros, sería capaz de resignarse a perderlo todo? Sin embargo, fue Campoy el que reaccionó de manera inesperada.  

Octavio

No te tortures con el pasado.

Elena

Aquel árbol decidió por todos nosotros.

Octavio

No comprendo lo que quieres decir.

Elena

(Se toca la pierna)Estaba muy nervioso cuando me llamó. Le dije que se calmase, que ya sabía cómo eran los mercados, que todo sería algo pasajero. La verdad es que me costaba disimular la satisfacción que sentía al notarle tan abatido. En su voz había una fuerte congoja que le impedía hablar con claridad. Sentí pena por él y temí que hiciese alguna tontería. Me ofrecí a ir a buscarle para llevarlo a casa. Cuando llegué ya estaba esperándome en la calle. Daba vueltas como si fuese un niño aturdido. Entre las manos llevaba una botella envuelta en una bolsa de papel. Me dijo que se encontraba tan mal que lo primero que había estado tentado de hacer era emborracharse, pero ya ni tenía el suficiente valor como para poder hacerlo. En ese momento me di cuenta de la crueldad que habíamos cometido. Estuve a punto de contárselo todo, pero, en ese instante, comenzó a hablar de Gosta. Dijo que, en esta vida, lo único que le importaba era ella. ¡Esa era su única preocupación! No le importaba el dinero, sólo quería protegerla. Por un momento, en mi cabeza sólo veía una imagen y era la de Gosta y Campoy abrazados intentando superar el contratiempo al que se enfrentaban.

Octavio

¡Estabas celosa!

Elena

(Deja a Octavio detrás. Habla para ella misma.)No veía la carretera, sólo estaba la cara de Gosta. Gosta riéndose. Gosta llorando. Gosta amenazándome por haber hecho dalo a Campoy. Por un instante, hasta creí oír su voz. Era coo si me hubiese poseído. Quería arrancármela, pero no sabía cómo lograrlo. (Hace una pausa)Miré aquel árbol. Aceleré para estrellar el coche con toda mi furia. Campoy no tuvo tiempo de reaccionar. (Se toca la pierna. Regresa cojeando junto a Octavio.)Con el impacto se rompió la botella y todos pensaron que la culpa era de él porque iría bebido. Sus antecedentes lo pusieron en tela de juicio. A pesar de todo, nadie se atrevió a pedirle cuentas porque, aunque a mí se me partió la pierna, él quedó más mal parado que yo.

Octavio

Siempre has estado enamorada de Campoy.

Elena

Te juro que en ese momento no sabía lo que hacía. Desde entonces, cada día pienso en lo estúpida que fui. Por mi culpa Campoy se quedó inválido y, lo peor de todo, Gosta nunca lo abandonó y, ahora, después de muerto, tampoco.

Octavio

Nunca me has querido. Me has estado engañando durante todos estos años. Me sentía culpable por lo que te había sucedido, pero ahora sólo siento una cosa por ti y es asco. (Hace mención de salir.)

Elena

(Intenta sujetarle por un brazo)Octavio, por favor, no me digas esas cosas. No me abandones.

Octavio

(Se suelta de ella)Adiós, Elena.

Elena se queda en medio del escenario. Contempla cómo Octavio sale por un lateral.

Oscuro.