viernes, 29 de mayo de 2026

 DIBUJAR


La afición a dibujar se acrecentó a partir del día en el que el maestro me dijo que saliese a la pizarra.
-Ferrer hoy te toca a ti.
Y me entregó una cajita con unas tizas de colores y un pequeño libro en el que había una fotografía en blanco y negro de las ruinas de un castillo.
Como me suele ocurrir con todo aquello que me mandan me apliqué con todas mis energías a la copia a mano alzada de la fotografía. Lo hice en una de las esquinas de la pizarra. Mientras lo hacía el maestro ojeaba unas libretas en las que garabateaba alguna que otra nota. Vicente, mi compañero de pupitre, me lanzó una bolita de papel a la espalda para que me volviese, pero no lo hice porque sabía que era él y estaba segura de que no serviría para nada regañarle ya que incluso, lo animaría a hacer otras para continuar lanzándomelas con más pericia.
El dibujo del libro era en blanco y negro, sin embargo decidí darle algo de color con las pocas tizas que quedaban. Tomé la tiza anaranjada y repasé los bordes de las líneas en blanco para que resaltarán. Las peñas en las que estaba anclado las pinté de un marrón oscuro y con una tiza roja en el cielo dibujé lo que semejaban ser unos vencejos que revoloteaban por la derruida almena.
Terminada mi reproducción devolví las tizas y el libro al maestro que ni se molestó en mirar cómo había quedado el encargo que me había hecho.
-¡Dictado! -gritó.
Vicente se apartó para que pudiese sentarme en mi pupitre .
-¿Me dirás las palabras que no sé escribir-susurró.
No le respondí porque sabía que ojearía mi libreta sin ningún disimulo.
-Dictado: Las almenas del castillo derruido.



 LÁPICES DE COLORES


Siempre quise tener una caja de lápices Alpino por eso mi madre me compró una de seis unidades. Cuando fui a la escuela lo hice muy contenta, por fin podría colorear los dibujos con unos lápices a los que no se les rompiese la punta con tanta facilidad. Entré en el aula y corrí a mi mesa para poder enseñárselos a mi compañera Amparo. Se los mostré contenta y sin ningún afán de presumir. Era una novedad para mí tener una caja de lápices tan buenos. Saqué mi cuaderno y comencé a colorear un dibujo. Lo hice con sumo cuidado intentando no salirme del borde y procurando no apretar mucho para que la punta no se rompiese. Cuando terminé se lo enseñe a Amparo que lo miró con detenimiento y después de observarlo atentamente dijo:
-Lo has pintado muy flojito y aquí no hay casi color. En esta parte te falta...
Amparo fue sacando todos los defectos a mi expresión plástica y comprendí que ella tenía más práctica que yo, al fin y al cabo hacía tiempo que tenía una caja con dieciocho lápices, nada menos que el triple de lápices y estaba segura de que ella podía conseguir más matices que yo con la tercera parte.
Al día siguiente la maestra nos pidió los dibujos pintados a todos.
-Y como se acerca el final de curso, vamos a hacer una exposición con todos los dibujos y, a continuación elegiremos cual es el que ha quedado mejor.
Los colocamos en el panel de la pared del fondo de la clase. La verdad sea dicha que hacía muy bonito verlos de continuo.
-Ahora entre todos votaremos el que esté mejor.
Los cuarenta niños y niñas de la clase los mirarlos atentamente y valoramos el que nos parecía más acertado. Amparo estaba segura de que el elegido sería el suyo porque era la única que tenía más variedad de colores, pero no siempre se valoran las cosas por su valía pues a veces no es el valor si no la estimación lo que influye.



EL MES DE MAYO 

Todavía era mayo, pero el calor ya se había hecho presente hasta el punto de tener que hacer el cambio de armario antes de lo previsto. Aquel día el termómetro llegó a los 28º y todos nos sentimos agobiados por eso nuestro padre tomó la decisión.

-Hoy cenamos en la playa.
Y no hizo falta más indicaciones. Mi madre preparó varios de sus platos estrella. Los guardó en las fiambreras y los colocó en el capazo de paja que sólo usaba para esas ocasiones.
Como si de un gran acontecimiento se tratase mi hermana y yo buscamos el bañador, la toalla de playa y las chancletas. Ya estábamos listas y sin pensarlo mucho nos subimos los cuatro al Seat 850 que mi padre había comprado a un buen amigo y nos dirigimos a la playa más cercana.
el viaje de escasos kilómetros parecía ser el iniciático de alguna aventura insospechada. Recuerdo las risas y comentarios de nuestra pequeña felicidad. Cuando llegamos descubrimos que no habíamos sido los únicos en celebrar la llegada del verano prematuro. ya en la orilla la mar nos recibió con los brazo abiertos.
-¡Está muy fría!-grité.
Y mi pie se hundió en la húmeda arena haciendo que el frescor recorriera mi cuerpo.
No, todavía no había llegado el verano a pesar del intenso calor por eso o mejor estaba por venir.

Fotografía de una familia en la playa de Massalfassar (València)


jueves, 21 de mayo de 2026

 Y DE VEZ EN CUANDO VOY AL CINE Y VEO UNA PELÍCULA ESPAÑOLA

y resulta que me ha gustado bastante. Se trata de la última película de Ángeles González-Sinde. Después de Kim es una historia que te interesa desde el primer minuto. La muerte de la hija de un matrimonio divorciado les obliga a regresar a España desde Buenos Aires. Él, Darío Grandinetti, es un físico argentino retirado hace años que ha perdido el contacto con su hija. Su exmujer, Adriana Ozores, una médica española que trabaja como terapeuta también. La trágica noticia trastoca sus vidas. Viajan a Benidorm donde son informados de los detalles de la muerte violenta de su hija y de la existencia de un nieto.

No os cuento más detalles porque la película es digna de ser vista. La magnífica interpretación de los protagonistas hace que la historia guste todavía más.
Hay que destacar a Christina Rosenvinge, quizás el nombre no os diga nada, pero más de una recordaréis el dúo Álex y Christina que cantaban una pegadiza canción.
En definitiva, os animo a que vayáis al cine, sobre todo si son los locales para ayudar a que continúen abiertos.