viernes, 29 de mayo de 2026

 LÁPICES DE COLORES


Siempre quise tener una caja de lápices Alpino por eso mi madre me compró una de seis unidades. Cuando fui a la escuela lo hice muy contenta, por fin podría colorear los dibujos con unos lápices a los que no se les rompiese la punta con tanta facilidad. Entré en el aula y corrí a mi mesa para poder enseñárselos a mi compañera Amparo. Se los mostré contenta y sin ningún afán de presumir. Era una novedad para mí tener una caja de lápices tan buenos. Saqué mi cuaderno y comencé a colorear un dibujo. Lo hice con sumo cuidado intentando no salirme del borde y procurando no apretar mucho para que la punta no se rompiese. Cuando terminé se lo enseñe a Amparo que lo miró con detenimiento y después de observarlo atentamente dijo:
-Lo has pintado muy flojito y aquí no hay casi color. En esta parte te falta...
Amparo fue sacando todos los defectos a mi expresión plástica y comprendí que ella tenía más práctica que yo, al fin y al cabo hacía tiempo que tenía una caja con dieciocho lápices, nada menos que el triple de lápices y estaba segura de que ella podía conseguir más matices que yo con la tercera parte.
Al día siguiente la maestra nos pidió los dibujos pintados a todos.
-Y como se acerca el final de curso, vamos a hacer una exposición con todos los dibujos y, a continuación elegiremos cual es el que ha quedado mejor.
Los colocamos en el panel de la pared del fondo de la clase. La verdad sea dicha que hacía muy bonito verlos de continuo.
-Ahora entre todos votaremos el que esté mejor.
Los cuarenta niños y niñas de la clase los mirarlos atentamente y valoramos el que nos parecía más acertado. Amparo estaba segura de que el elegido sería el suyo porque era la única que tenía más variedad de colores, pero no siempre se valoran las cosas por su valía pues a veces no es el valor si no la estimación lo que influye.



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