domingo, 7 de agosto de 2016

VENDEDORES AMBULANTES: EL PUESTO DE CAMBIO, COMPRO Y VENDO LIBROS Y TEBEOS


Todos los martes se hace el mercadillo en el pueblo vecino. Hace años que ha dejado de ser lo que era: un centro de reunión. Sí, la gente se reunía y vendía, compraba e intercambiaba experiencias. El mercadillo estaba dividido en secciones no regladas, es decir, mentales. En una parte la fruta y la verdura, a continuación los animales vivos que se vendían para recriar en las casas. En otra de secciones la ropa y zapatos junto con los utensilios de la casa. El que convertía el mercadillo en un espectáculo y verdaderamente captaba mi atención era el 'intercambiador' de cromos, tebeos, novelas de Estefanía, Corín Tellado y cuentos infantiles. Él mismo era todo un espectáculo en sí. El chico vociferaba su mercancía como quien vende patatas o zapatillas.

"Hoy tengo tebeos nuevos que cambiar" "Niña estos cuentos te van a gustar" Y así pregonaba todo lo que tenía en su puesto. Si no tenías uno para cambiarle te lo podía vender a buen precio como libro de segunda mano. Allí me compró mi madre Miguel Strogoff, el correo del zar. Aquella edición tenía una parte con letra impresa y a continuación la historia en viñetas. Me encantó. Fue uno de mis libros favoritos durante muchos años. Quizá también por su origen de aquel mercadillo de 'se cambia o se vende muy barato'



* * *

Muchos años después descubrí la magia de esta novela que había sido llevada al escenario como gran espectáculo y aquello aún me gustó más.

6 comentarios:

  1. Cuando era niña y estaba en casa de Pili, en Ruzafa, ella me decía: "anda, baja al quiosco y cambia estas novelas". "¿Y cómo sabré si has leído ya las que te traiga?". "¡No importa! -contestaba, riendo-. ¡Todas son idénticas!". Eran novelas del Oeste. "Yo, sin un par de tiros, no me duermo", decía. Yo bajaba al quiosco, que era diminuto y creo que aún sigue existiendo, y el quiosquero me decía, mientras me entregaba otras dos novelas: "llévate estas, que a doña Pilar le gustarán: hay mucho tiro y muchos muertos".
    ¡Ay, Francisca, cuánto me ha emocionado tu entrada!

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  2. Carmen, el que cambiaba los tebeos, revistas y novelas era un gritón que difícilmente pasaba desapercibido a los que estaban en el mercadillo. A finales de los setenta desapareció su negocio y una forma distinta de leer y ver la vida, creo. Gracias por compartir tu memoria con la mía. Un abrazo.

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  3. Cuando eramos niños cambiábamos , tebeos, novelas, cromos , de todo . Ahora yo creo eso no se ve ha desaparecido. Un
    abrazo

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    1. Los tiempos nos han llevado a ser interesados y no pensar que ese medio de intercambio nos llevaba a conocernos más. Por suerte las bibliotecas públicas siguen haciendo su función. Gracias por leer mi relato Maria del Carmen.

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