jueves, 4 de abril de 2013

CAMBIOS EN LA PRIMAVERA DE 2013

Hace poco que la primavera nos visita y, aunque no debería sernos ajeno, aún no ha dejado de sobresaltarnos. La naturaleza no deja de sorprendernos todos los años y nos hace sentirnos más cercanos a la magia de lo bello. El renacer de la vida, el milagro de la vida es el espectáculo más bello que se pueda contemplar. Ver un árbol que renace de su letargo es una de las cosas más hermosas que nos puede regalar la Naturaleza. Los aromas, los colores de la variedad floral nos hace sentir más cerca de un cambio o de varios, quien se sabe.
Cerezo florido, Serra (Valencia)

Sin embargo no todo es bello ni todo es tan transparente como nos gustaría. El día a día nos golpea y rompe, muchas veces, la armonía que nos habíamos creado para vivir. A pesar de todo, cuando las circunstancias nos golpean y parece que vaya a desaparecer el equilibrio que nos habíamos creado bajo nuestros pies, descubrimos que el milagro del día a día se cumple. Basta con mirar a nuestro alrededor para darnos cuenta que los versos de Calderón se cumplen: siempre hay alguien que toma lo que nosotros desechamos.
Pero la actualidad manda y no se puede obviar lo que en este país está sucediendo. Todas las mañanas nos levantamos con nuevas sobre la corrupción y el desorden gubernamental. Raro es el día que no aflora una noticia que nos muestra a una clase política que ha vivido de nosotros, los ciudadanos, desangrándonos, dejándonos en la calle, tirados y sin un futuro. Más de una vez me he preguntado quien es el que se encarga de encumbrarles y darles la máxima impunidad que les permite desvalijarnos y dejarnos desnudos hacia un futuro incierto. No me vale la respuesta de que es el mismo pueblo el que lo hace, puesto que yo soy ciudadana y no creo haber ayudado a este expolio que nos domina.
Ayer releí a José Ortega y Gasset, uno de los pensadores más prolíficos y controvertidos que hemos tenido en el siglo XX, y me sorprendió la claridad con la que me contestó a algunas de mis preguntas sobre el momento que vivimos:


José Ortega y Gasset
Es penoso, pero es forzoso decir que el español ha sentido casi siempre una tácita simpatía hacia el sinvergüenza. Por eso es tan inútil en nuestro país demostrar que alguien es un sinvergüenza. La sentencia no se ejecuta; más bien se convierte en diploma." José Ortega y Gasset (1935)
Es cierto. La culpa es de todos. No puedo excusarme con mi argumento anterior. Todos somos los que les hemos dado la libertad e impunidad hasta el punto de que pueden moverse libres y sin problemas por nuestras vidas. Ellos, los sinvergüenzas, sean del sexo que sean, sean de la clase social que sean, sean del rango que sean, deciden, extorsionan nuestra actualidad y nuestro futuro.
Entrada al Parador de Sigüenza 2013
Es muy corriente escuchar que hay que vivir el momento y no pensar en lo que puede venir, sin embargo,  es ahora, cuando se ve que lo que puede venir, lo que puede ocurrir ya esta aquí. Que los recortes, en realidad, son los verdaderos resultados de la avaricia y descontrol de algunos de los que nos han regido escudados en falsas mayorías democráticas que no se sustentan en nada seguro.

Los últimos movimientos nos hacen ver que, esta primavera, revuelta, llena de movimientos y desmanes, no nos puede dejar indiferentes. Se atisba un poco de luz al final de una puerta. Esperemos que no se nos cierre en falso en nuestra propia cara.

miércoles, 13 de marzo de 2013

ADELA MARGOT, LA ESTRELLA VALENCIANA DEL MONÓLOGO




Almacén de naranjas a principio del siglo XX


Entre 1917 y 1919, la mayoría de los países europeos, se encontraban enzarzados en la contienda que pasó a denominarse: La Gran Guerra. Además, en el frío y lejano reino de los zares,  La Revolución Bolchevique, vivía su momento álgido. Parecían hechos distantes y lejanos pero, ¿hasta qué punto, estos hechos podían afectar a la aparentemente indiferente España? Digo lo de aparente porque, a pesar de su manifiesta neutralidad, en realidad, sólo se trataba de una postura oficial de sus gobernantes, pues, a la hora de la práctica, con el paso del tiempo, se ha demostrado que fue una postura falaz.

Adela Margot
Un claro exponente de la rica economía de la ciudad lo constituía el puerto de la ciudad. Sus movimientos de exportación estaban muy unidos a la actividad comercial europea de manera que ésta se enriquecía con esta contienda, prueba de ello era la floreciente economía que se mantuvo durante esos años. Su postura siempre fue bifronte,  por una parte demostró una afinidad germanófila, pero, no por ello dejó de estar conectada con el resto de países aliados con los que también mantuvo sus relaciones comerciales. Como curiosidad, indicar que el precio de la exportación de las naranjas, comercio floreciente durante esos años, se realizaba con el valor de la libra esterlina.
No me voy a extender en cuestiones históricos sociales donde hay expertos que las han analizado mejor que yo pueda hacerlo, no obstante, sí quiero comentar un aspecto que parece ser olvidado de la vida espectacular de mi ciudad: Valencia. 

La  boyante economía de la ciudad  tenía, por supuesto, su reflejo en la vida espectacular de la ciudad. Alrededor de una veintena de teatros se concentraban entre el centro histórico y la periferia de la ciudad. Eran edificios construidos entre el siglo XIX y el XX que oscilaban entre los de gran capacidad para albergar a un público de clases algo más pudientes, junto a los de menores dimensiones que, aunque no por ello menos populares e importantes, tenían un público muy definido. Por supuesto, las compañías locales actuaban en sus escenarios con obras, casi siempre de corte popular, como eran los sainetes, los juguetes cómicos y los monólogos, piezas, en particular que resultaban ser las favoritas de los espectadores tanto de la ciudad como de los pueblos de la huerta que acudían a sus dobles e incluso triples sesiones.
Adela Margot


Estas piezas escritas por autores, populares del momento, como lo eran los hermanos Álvarez Quintero o Jacinto Benavente, entre otros, llenaban los escenarios, tanto los teatros grandes, como el teatro Principal, como de los pequeños locales. Su puesta en escena significaba el lucimiento de un primer actor o primera actriz y el aplauso de un público entregado a ese tipo de teatro de autor contemporáneo. Este tipo de espectáculos era jocoso, y, al mismo tiempo, con todos los tópicos del género. Dentro de esta maraña de autores y actores conocidos también se encontraban los locales, es decir, los que hacían un teatro propio de la ciudad. 
El humor socarrón de los propios valencianos era llevado a las tablas por compañías locales. Y entre todas ellas, destacaba la figura de una artista: Adela Margot. Durante el año 1919, actuó en el pequeño Salón Eden-Concert con un repertorio de pequeños monólogos de los que, algunos de ellos, ella declaraba ser la autora. Los títulos  de sus piezas breves hacían referencia a la situación del momento y sorprenden por la ironía de los mismos: La bolcheviki, Agua, ¡Abajo los hombres!, ¡Abajo la sicalipsis!, Aspiración femenina, Una diputada en el año 2000, entre otros. Su fama ya venía de mucho antes y de hecho era conocida por su ruidosa presencia en las Fallas de 1912.
Adela Margot
Falla de 1912, plaza del Dr. Collado


La polémica actriz protagonizó el ninot central del monumento de la falla de la plaza del doctor Collado. Margot aparecía actuando en un escenario ante un público entregado. En realidad, la razón de la polémica, más que por la propia actriz, se debió por el público, representado en la falla, que aparecía jaleándola. Junto a la orquesta el público reproducían los rostros de los habituales clientes de los espectáculos de Adela Margot. La identificación provocó el escándalo y  la polémica hasta el punto de obligar, a los responsables de la obra, a tener que sustituir las cabezas de algunos  de los ninots para evitar el escarnio público de éstos. 
Margot fue todo un símbolo de aquello que tanto se admiraba y también  de lo que se ocultaba, tanto en la vida espectacular como en la social de la ciudad. 

La actriz posando junto a la Falla.