miércoles, 12 de diciembre de 2012

DIFRAZAR LA REALIDAD

Todos los días hay una manifestación u otra en las calles de nuestras ciudades. El gobierno parece no oírlas. Maestros, ferroviarios, médicos, jueces... ciudadanos en definitiva, salen a la calle a protestar ante un gobierno que impone su voluntad a golpe de decreto ley y con el poder absoluto de una rara mayoría.
Maquillar las acciones es como querer disfrazar lo real, lo natural.  Una manzana es una manzana por mucho que la vistas con ropajes. No dejará de ser verde porque la recubras de hilos y botones.


 El actual gobierno quiere hacernos ver que la verdad es suya y que nosotros somos unos necios por no tragarnos sus argumentos.
Cuando era pequeña, mi padre me explicó que cuando dos personas no estaban de acuerdo con una situación determinada, lo que debían de hacer era razonar sobre la situación; en definitiva se trataba de que cada uno expresara su punto de vista y al final, en la medida de lo posible, se intentase llegar a un acuerdo. Mi padre creía en la democracia.
Hoy he escuchado el control al gobierno. La oposición, unos brillantes, otros con más oficio, algunos con entusiasmo aunque todos, en definitiva, con el mismo objetivo, han intentado rebatir a un gobierno que no escucha y que se ha trazado una meta: destrozar el estado de bienestar.

En el cuento de El traje nuevo del emperador aunque todos veían la realidad y todos la comentaban, ninguno quería hacerle ver al gobernante que andaba en paños menores. ¿Quién será el niño inocente que le diga al presidente del gobierno que anda desnudo con el traje que le han vendido en la Unión Europea? ¿Quién le hará caer en la realidad de que el gasto de ese costoso traje sólo nos ha llevado a la ruina social?  
Si subes al metro, al autobús, vas a la cafetería todos hablan de lo mismo: del desastre que anda provocando este gobierno que sólo sabe reírse de nosotros cuando anuncia rescates, recortes y despidos. ¿Qué nos pasa? Quizá no estamos aún lo bastante acorralados como para decirle la verdad ya de una vez. A veces me pregunto si todos vamos todos disfrazados de inanes.

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