Ando unos días aturdida por tanta desinformación
sobre la economía de nuestro estado. Productividad,
rentabilidad… todo son palabras que llenan la boca de aquellos dicen
llamarse expertos.
Para aclarar un poco los conceptos, recurro a las
armas de toda la vida.

“Relación
entre lo producido y los medios empleados, tales como mano de obra, materiales,
energía, etc.”
Por si la cosa no queda clara, el diccionario añade
el siguiente ejemplo:
“La
productividad de la cadena de montaje es de doce televisores por operario y
hora”
Se habla de la falta de productividad de los
servicios públicos, y no puedo dejar de
preguntarme si es más rentable producir un televisor que la educación de una
persona o producir un coche de ingeniería alemana frente a una persona sana.
Pero soy disciplinada y sigo buscando otro de los
conceptos que tanto se manosea, estos días, en la prensa, se trata de la palabra
rentabilizar.
Según del diccionario de la RAE la definición de
este concepto es:
“Hacer
que algo sea rentable, productivo o provechoso”

Prefiero las zarandajas de esos trabajadores de la
administración que con su trabajo callado, rutinario y diario crean las
herramientas necesarias para hacer que todo funcione entre esos que desprecian
lo desconocido.
De qué sirve tanta productividad con una
rentabilidad bajo sospecha si no nos hace una vida fácil, si no nos permite
salir de una situación crítica que la gente corriente, la gente de la calle
como yo, no hemos creado. Para qué
queremos ser tan efectivos y rendir tanto si eso no nos lleva hacia una vida
mejor.
Me quedo con mis zarandajas, esas que me permiten
levantarme cada día con el ánimo de conseguir la sonrisa de mi madre o la
felicidad de un amigo que necesita de mis pequeñas e insípidas labores pero que
llenan de satisfacción la vida de todos.
Estas zarandajas que dices son, según mi opinión, lo que verdaderamente importa, aquello que muestra nuestra naturaleza humana. Sin eso estamos absolutamente perdidos... o alienados, que es lo mismo. Reivindico tus zarandajas con total convicción.
ResponderEliminarTenemos que reivindicar las pequeñas cosas que nos hacen seguir. Esas zarandajas son las que nos dan razon de ser. Gracias Aurèlia por tu comentario.
EliminarEl problema está en la psicología patriarcal, que es la productividad, su gran invento, que les ha funcionado durante siglos, y hace tiempo que se acaba este sistema basado en la productividad y el consumo basado en el patriarcado... Y ya no saben qué hacer para que les siga funcionando. A ellos, y al precio que sea. Y con tantos siglos de sometimiento y dominio cuesta pensar en otras formas de vida y de organizarse, porque es lo único que necesitamos; organizarnos. Y eso sólo se consigue en paz, sin rivalida ni competencia. Así que las zarandajas sirven para vivir y sobrevivir, de lo poco que tenemos donde agarrarnos.
ResponderEliminarÁnimos!
Estoy completamente de acuerdo contigo, Eva. Después de leer tu último post donde recordabas el sensato El principito y después de varias conversaciones que esta semana he tenido, pensé que debía reivindicar las zarandajas cotidianas. Espero continuar con ellas minuto a minuto y día a día para vivir, al menos un poquito feliz con todos los que me rodean.
ResponderEliminarUn abrazo Eva.