Pongo la mano en el fuego o
rompo una lanza, según se prefiera la expresión a que el hermetismo que
mantiene el presidente, ante la crisis política que vive su partido político tiene
su razón de ser. No me equivocaré si digo que no hablará de lo que todo el
mundo intuye. No faltaré a la verdad si digo que no dará la cara ante la
ciudadanía. No incurriré en error si digo que nadie, absolutamente nadie, será
cesado en su cargo.
Por desgracia vivimos en un
país domesticado. Cuarenta años no pasan porque sí en una sociedad.

Se suceden las declaraciones
esperpénticas y no hay nadie que les ponga veto al ridículo supino que ejercen.

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