Dicen que la falta de
sol provoca graves trastornos en la mente humana. La carencia de la vitamina D,
procedente de los rayos solares y que principalmente es absorbida por la piel, no
sólo es el principal favorecedor de evitar la osteoporosis, sino que
evita las depresiones del sistema nervioso así como los continuos cambios de humor de
aquellos que la sufren.
Uno de los países de Europa que menos ve el sol es Finlandia. Este país es
miembro de la Unión Europea; se encuentra situado en la parte Noreste del
continente. Sus fronteras son con Rusia, Suecia, Noruega y el mar Báltico. La ciudad
más importante del mismo y que ostenta ser su capital es Helsinki. Pocos datos más nos son relevantes de un país al que se asocia con el intenso
frío. Una tierra inhóspita que está casi deshabitada y donde la población se concentra en lo que podría
ser lo más cálido, es decir, el sur del país.
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Foto del periódico Público |
Nada nos inquietaría de
esas tierras lejanas si no fuese por un exfutbolista que se pasea por las
tribunas del parlamento europeo, con el cargo de Comisario Europeo de Asuntos
Económicos y Monetarios: Olli Rehn. La verdad es que la primera vez que oí ese nombre que era más propio de un producto de limpieza que el de un verdadero
economista, sin embargo, lleva tiempo decidiendo sobre nuestro futuro económico con total
impunidad que produce pavor. En la página de la Wikipedia, el currículum que le acompaña, habla de
unos estudios en economía, relaciones internacionales y periodismo que realizó
en los Estados Unidos, sin aclarar mucho más sobre su real rendimiento. No puede escapar que es curioso que se destaque más su condición de exfutbolista
de primera división de la liga finesa, que la de avezado contable.
Este personajillo de los enmoquetados pasillos de le Europa comunitaria, a lo largo de meses, no
deja de repetir que los españoles, al igual que todos los países del área
mediterránea, lapidamos su dinero y que ellos no pueden consentirlo.
Dice que debemos ajustarnos más los gastos y, para ello, la única alternativa
que nos queda es la de bajar y bajar nuestros paupérrimos salarios hasta el nivel de la mendicidad. De todos es
conocido que él disfruta de un sueldo astronómico, si vale la comparación, él gana al día lo que yo en dos
meses. No quiero ser malpensada pero sus argumentos se acercan más a un claro
deseo de convertirnos en sus esclavos
que en sus socios económicos.
Después de leer que más de dos millones de niños españoles están sufriendo los rigores del hambre en un país como el nuestro, donde se había conseguido mejorar el estatus social, yo grito: Hasta aquí hemos llegado Europa del Norte. Nada ni nadie
debe decidir por nosotros. Nada ni nadie puede lanzar a todo un país a la
miseria por el mero hecho de que se ejerza la usura como es el caso de este comisario
que, si no engañan las fotografías, demuestra tener menos luces que un día en pleno invierno en su país.
Vuelvo a gritar: Hay que movilizarse
para evitar que todo esto continúe destruyendo lo que tantos años nos ha
costado construir. Hay que echarles de sus poltronas, rellenadas con el sudor y
el hambre de los trabajadores del Sur que malviven entre los escombros de
esa Europa mercantilista que sólo busca el rédito de sus caudales.
¿Hasta cuándo vamos a consentir
que exfutbolistas y exgimnastas del FMI decidan por todos nosotros?
Continuará.
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