sábado, 20 de diciembre de 2014

CUENTOS BREVES DE INVIERNO: MILAGROS

Cuando era pequeña, en la calle perpendicular a la mía, vivía una mujer mayor llamada Milagros. Todos los inviernos, salía a la calle, cuando hacía solecito, a encender su 'conca' de carbón. Como siempre he sido una niña curiosa miraba, con los ojos muy abiertos, las operaciones que hacía mi vecina con aquel artefacto. Abanicaba un poco aquellos trozos negros que con un atizador apretaba constantemente hasta hacerles salir chispas que saltaban de brasa en brasa. La fascinación por el fuego, por la vivacidad de ese material vivo intocable, me dejaba parada delante de ella y de la conca durante minutos interminables. Aquella mujer me sonría por mi ingenuidad y curiosidad. El calor surgía de la nada para volver a ella en esos días soleados del invierno frío. Era fascinante descubrir que podía cambiar de color y convertirse en algo intocable, lleno de calor.
La memoria nos hace volver al pasado una y otra vez, de manera insistente, para hacernos recuperar aquello que no parecía tener mucha importancia, en un principio, pero que nos forjó un carácter, una manera de ver la vida.

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