sábado, 20 de diciembre de 2014

SOBRE MONTALBANO

Ayer, hablando con un buen amigo me confesó que uno de los mejores momentos de la semana, para él, es cuando llega el sábado y, por fin, se puede sentar delante del televisor para disfrutar de la serie: El comisario Montalbano. Me decía que le seduce su simplicidad. Los personajes, histriónicos y, a la vez, reales. Se siente tan inmerso en el relato, hasta el punto de sentir apetito cuando los personajes se sientan a la mesa a comer aquellos fabulosos platos de pescado. Me decía, mi amigo, que la proximidad de esos personajes es tan real que se cree cuando dicen sentir frío, cuando dicen preocuparse por la familia, cuando se regañan para demostrarse que se aprecian. Quise romperle un poco el fervor con el que me lo comentaba e hice unas cuantas críticas como que muchos de los episodios parecían estar a mitad de elaborar, que había varias carencias, como si les hubiese faltado dinero para rodar todo lo que tenían en el guion. Mi amigo me contestó rotundamente y sin derecho a réplica: ¿Qué quieres? Son mediterráneos, como nosotros. Lo mejor de todo es improvisar y demostrar que con pocos medios se puede hacer una historia creíble y divertida. 
Yo sigo pensando que lo ideal sería que la televisión te permitiese sentarte a la mesa, junto al comisario y su invitado de turno, para así, con ellos, poder degustar un de esos sabrosos platos mirando ese maravilloso mar que nos invita a la tranquilidad.
Las novelas de Andrea Camilleri son magníficas, pero el placer de ver ese mar tan rebelde donde Montalbano se esconde de sus problemas, no tiene precio. 
Como mejor complemento de la serie se podría decir que es su banda sonora. Una música deconstruida, un tango que te atrapa junto a un mar siempre seductor. http://www.youtube.com/watch?v=b05erDdXimI

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