lunes, 16 de enero de 2017

MI VECINA SORDA Y LAS NOTICIAS DEL DÍA




Cuando dispongo de una mañana de domingo para mí, sin visitas inoportunas y sin planes previos, es entonces, la ocasión perfecta para llevar a cabo esas pequeñas cosas que te da pereza o no puedes hacer durante el resto de la semana. Esta mañana, he sacado el neceser y me he entregado al placer de mejorar mi aspecto. En primer lugar, he extendido una mascarilla facial, de color naranja, sobre mi rostro. Me he sentado, con el periódico en la mano, con la intención de leerlo mientras el mejunje hacía su efecto, pero, los timbrazos me han sacado del ensimismamiento. Allí estaba mi vecina sorda. Al abrirle y, a modo de saludo, mi vecina, me ha soltado una catarata de justificaciones.  
-Creo que te lo he dicho en más de una ocasión, los días que hace tanto frío no tengo ganas de salir de casa. ¿A ti no te ocurre lo mismo? El frío me apelmaza, por cierto ¿qué llevas puesto en la cara?
Por su aspecto, resultaba indudable que debía tener frío porque, como complemento de las varias capas de ropa que llevaba sobre su cuerpo, el colofón de todas lo colmaba la bata que, a duras penas, se había abrochado hasta la garganta.
-He salido de casa sólo por necesidad y es que me he clavado una astilla en este dedo –mientras me lo decía lo ha acercado tanto a mi cara que, por poco, no me lo ha introducido dentro del mío. –He intentado sacármela yo sola, pero no ha habido manera y si me espero a que venga alguna de mis hijas seguro que se me infecta antes.
Le he indicado que se sentase en la silla mientras he buscado el alcohol y el algodón con el que poder desinfectarle la herida junto con un alfiler y unas pinzas con el que hurgar en su dedo índice que tan desafiantemente me ha mostrado, ha tomado el periódico que había dejado sobre la mesa. La extracción ha sido sencilla.
-Ya está, un momento, busco una tirita y se la pongo.
-No, no hace falta, ahora mismo voy a tocar el agua y tendré que quitarla. Muchas gracias por tu ayuda.
A continuación, misteriosamente, durante unos largos minutos, ha estado callada sin pronunciar ni una palabra mirando, detenidamente, el periódico. Al fin ha roto su mutismo.
-¿Este es el periódico de hoy? ¿verdad? Yo también me lo he comprado. Los domingos me compro dos: el Levante y Las Provincias. Me entretienen mucho y, además, así comparo las noticias y compruebo cual es el que dice más mentiras. ¿Has visto la portada de hoy? ¡Cuánto dinero se gasta la gente en el juego! ¿verdad? No quiero ni imaginar lo contento que estará el ministro cobrando impuestos; a mí me parece bien, ya lo decían los mayores:
“Lo bien ganado se lo lleva el diablo ¿qué será de lo malo?”
Sin querer, tras oír esa sentencia, he esbozado una sonrisa.
-No, no te rías que la vida es así, tú eres muy joven para entenderlo aún, pero ya llegarás a mi edad.
Mientras me ha pronunciado esta máxima sigue ojeando la prensa en su interior, pasaba las páginas sin mirar nada concreto hasta que ha llegado a uno de los titulares:
-Patxi López quiere ser el secretario general del PSOE. Ese es vasco ¿verdad? y, claro, también querrá ser el presidente de España. La verdad es que no me imagino a un vasco gobernando ¿no? En lo que llevamos de democracia han sido los castellanos, los andaluces y, por supuesto, el gallego, que hasta les han hecho repetir sin tener mayoría. Un vasco en la Moncloa… bueno, antes de juzgar nada, tendríamos que ver qué hace.
Por unos instantes, he tenido la sensación de que ella estaba hablando para sí misma y que se había olvidado de mí hasta que ha vuelto a la realidad.
-Y que conste que no tengo nada contra los vascos, pero no me imagino a un presidente llamado Patxi, vaya, lo que sería el equivalente a Paquito ¿qué pensarán el resto de países de nosotros?
-En el Reino Unido han tenido a Tony Blair y ese nombre es un diminutivo también. –Me he atrevido a puntualizarle.
-Pero los ingleses son de otra pasta, nena. Ellos se pueden llamar como quieran porque son los amos de Europa.
En verdad que era una lástima que mi vecina no estuviese en el Parlamento Europeo, he pensado que menuda parlamentaria de la calle se pierden. Y mientras se han cruzado estas ideas, por mi cabeza, mi vecina sorda, ha continuado despotricando sobre el nombre y el origen del futuro presidente. Parecía que no iba a terminar con su
soliloquio cuando ha mirado el reloj de la repisa y me ha dicho:
-¡Uy! ¡Ya son casi las once! Me voy que tengo que preparar la comida. ¡Qué clavel más bonito! ¿Es tuyo o te lo han regalado?
-Sí, es de mis macetas, esas que tanto le gustan usted. –Reconozco que se lo he dicho con tono irónico mientras le sonreía.
-Claro, el frío les ha beneficiado y por eso ha florecido.
Ya casi en la puerta me ha advertido que no cuido, lo suficiente, mis plantas, pero, esta vez, y a modo de despedida me ha dicho:
-Huele muy bien esa crema naranja que llevas por la cara ¿te quita las arrugas?
Ahí ya no he podido contenerme más la risa y le he dicho:
-Puede que así sea porque yo no tengo ni una.
Las dos nos hemos despedido y deseado un buen domingo, a pesar del frío que parece no invitar a salir de casa.

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