domingo, 5 de octubre de 2014

ENTRE TARJETAS ORO Y GALLINAS PONEDORAS

Mi vecina estaba escandalizada. ¿Cómo es posible que dejen en manos de cualquiera una tarjeta libre de control?
Esta mañana lo comentaba, con su habitual timbre de voz, en su casa, con su marido. Todos los vecinos lo estábamos escuchando. Nadie ha protestado por su cháchara.  Todos sentíamos el dolor de estómago que nos producía pensar en la estafa que soportamos, con calma, sin abrir la boca, relajados, esperando el resultado final ¿Qué final? Me pregunto.
No alcanzaba a oír lo que le respondía su marido, pero sí comprendía que, por una vez, estaba completamente de acuerdo con ella ¿Quién les ha dado permiso para gastar y pensar que el dinero nunca se va terminar?
En ese instante he recordado ese pasaje del Antiguo Testamento donde Lot pide clemencia a Dios por los habitantes de Sodoma y Gomorra para evitar la destrucción de las ciudades por su depravación y corrupción. Me pregunto ¿habrá alguien que pueda pedir clemencia por nuestros políticos y gestores públicos que nos roban hasta las ansias de protestar?
Mientras reflexionaba sobre este tema mi vecina sorda me ha sacado de mi ensimismamiento para ponerme en la realidad cotidiana.
-Mira, sabes lo que te digo, que no me creo que se hayan gastado todo ese dinero que dicen. Ese debe de ser un bulo que se han inventado los de la coleta para desprestigiar a los buenos.
Cuando he escuchado esta última sentencia de mi querida vecina he comprendido que me he equivocado otra vez, que destruirlo todo y volver a construir sobre unos cimientos encizañados no es la solución. Creía que mi vecina había cambiado pero sigue siendo la misma de siempre.
He salido a la calle y en ese momento he coincidido en la puerta con ella.
-Hola vecina ¿qué tal se presenta el domingo?-le he dicho a modo de saludo.
Me ha mirado y con su sonrisa afable me ha contestado.
-Ya ves, domingo y las gallinas sólo me han puesto media docena de huevos.
-¿Pero sigues teniendo gallinas? - Le he preguntado casi incrédula.
Sí, en la finca que tengo alquilada. Los inquilinos han protestado varias veces aunque no sé por qué, si las tengo en el quinto piso, mirando al mar. Dicen que huelen y que las ratas visitan sus terrazas, pero como la finca es mía y la renta que me pagan es poca, puedo hacer lo que quiera ¿no crees? Al fin y al cabo, soy la propietaria y administradora de todo aunque no les guste. En vez de preocuparse por mis gallinas, deberían preocuparse por adelantarme la renta.
En un instante el día ha virado de las tarjetas oro a los huevos, sin pensarlo. Ella ha concluido:
-Quizá si fuésemos todos a una y diésemos lo que le corresponde a cada uno otro gallo nos cantaría ¿no crees?


2 comentarios:

  1. Ha sido una mera ilusión, genio y figura hasta la sepultura. Fuiste feliz por unos minutillos y como el tiempo es relativo……

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  2. Tú lo has dicho una ilusión fugaz. Después de las noticias de hoy… Voy a ver qué opina mi vecina sorda.

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