lunes, 8 de septiembre de 2014

EL NO MILAGRO DE ANNA SULLIVAN



EL NO MILAGRO DE ANNA SULLIVAN
Después de muchos meses sin hablar directamente con mi vecina y después de una conversación, algo tormentosa, la última vez que la vi, esperaba un milagro. Ayer llamó a mi puerta, como es sorda, al no recibir respuesta inmediata, pregonó a voz en grito: "seguro que está durmiendo otra vez" Según ella, dormir no es necesario, entorpece el avance. Cuando entró en mi casa y me vio sentada ante el ordenador, comenzó su monólogo al que más de una vez me costó interrumpir. Entre sus argumentos decimonónicos, esgrimía que la juventud estaba muy pervertida y que era muy bueno que se fuese a conocer el mundo fuera de nuestro país y así adquirir experiencias. Le interrumpí y le pregunté que si ese era el futuro que deseaba para sus hijas y sus nietos. No me contestó. Creo que en ese momento se le acentuó la sordera. Continuó su perorata y comentó que tanto extranjero en nuestro país no era bueno, por ejemplo, los chinos, los que hay bajo su casa trabajan hasta las once de la noche y luego se van a su país y se llevan todo el dinero. No le cabía en la cabeza que se vendiese el emblema valencianista, es decir, el equipo de fútbol a un chino.
El monólogo fue largo y salpicado por algún que otro comentario que intenté insertarle en su sordera, me temo que no sólo física, así que para no extenderme más en la descripción de sus rancios comentarios, os diré que llegó, ella solita, a la conclusión de que volverá a votar a Mariano Rajoy porque lo está haciendo tan bien, está metiendo a tantos ladrones en la cárcel, que ella no puede dejar de apoyarle.
Cansada de oír tanta sandez junta, intenté cambiar de conversación y le enseñé mis trabajos manuales. Eso le gustó, pero también me increpó porque decía que debía dedicarme a pintar abanicos que es mucho mejor que tejer.
En definitiva, me equivoqué. En algún momento, tuve la esperanza de que se obrase el milagro de Anna Sullivan con ella pero he descubierto que no sólo está la pobre sorda sino que también es ciega. Por eso el monólogo de Petra, el personaje de Juan Mayorga, sigue siendo tan vigente en este país, tanto que, para nuestra desgracia, será difícil que pierda frescura.

Publicado en mi muro de facebook el 16 de agosto de 2014

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