martes, 16 de septiembre de 2014

UNA VACANTE, UNA FORTUNA Y EL PASO DEL TIEMPO

Hace un tiempo, cuando este país funcionaba con billetes de quinientos euros, un empresario de éxito en la construcción, me preguntó que porqué estudiaba filología y más hispánica. Remató con un tono de sorna con la pregunta final de qué haría cuando terminase los estudios.
Muy resuelta le respondí que me iría por los pueblos de España, cantando y contando romances. Que si se animaba aún tenía  una vacante, concretamente el puesto de ciego, porque el niño, que pasaba el plato, ya estaba ocupado por otro entusiasta de la cultura.
Pues bien, hace poco
he vuelto a ver a ese ex-empresario de éxito. Digo lo de 'ex' porque ha tenido que cerrar su empresa; la crisis ya se sabe. Le he preguntado como le van las cosas y me ha dicho, que ya no es el ensueño de estos dorados años pasados, cuando uno podía sembrar casas como patatas, pero que no se quería quejar porque aún puede ganar lo suficiente como para poder mantener su Audi y llevar a su mujer a que se relacione con gente de bien. La verdad es que no me ha sorprendido nada su coletilla 'gente de bien' pues he entendido que seguía siendo el mismo que encontré hace unos años.

Después  de unas cuantas frases convencionales, me ha preguntado que cómo me iba a mí, qué si he seguido con eso de la filología. Le he dicho que sí. No he podido disimular mi habitual entusiasmo cuando hablo de las cosas que me gustan. En breves trazos le he narrado la aventura en la que me he embarcado al investigar sobre la historia del teatro del siglo XX y lo gratificante que me resulta hacerlo. Sorprendido por mi fascinación por la cultura, me ha interrumpido y me ha preguntado con cara de asombro ¿teatro? ¿investigar teatro? y ¿eso da dinero?
Entonces he recordado su trayectoria profesional y le contestado: Bueno, todavía puedo mantenerme y tener un coche utilitario para viajar por los pueblos de la península.
No es tonto, ha comprendido mi respuesta, por eso, ha contraatacado otra vez con unas cuantas preguntas como ¿Te conoce alguien? ¿Ya eres famosa? ¿Te mueves en los círculos intelectuales de hoy en día?
Rápidamente le he sacado de la duda: ¡Por supuesto! en mi casa todos me reconocen, hasta mi canario cuando le pongo el alpiste. En cuanto a lo de andar en círculos, es algo desagradable ¿no crees? terminas en el mismo punto donde empiezas y lo más probable es que estés mareada sin haber bebido.
No me ha contestado ni ha querido continuar con la conversación. Ha comprendido que soy la misma perdedora de siempre y que él continua siendo el mismo: el empresario. Su fortuna ha mermado pero su estupidez ha ido en aumento.

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