domingo, 9 de agosto de 2015

EL MÉDICO QUE NI ESTUVO NI SE LE ESPERÓ




El día que decidí nacer el médico no estaba. Nadie sabía dónde se encontraba pero creo que a mi familia tampoco le importó demasiado. Mi padre tomó su bicicleta y  buscó a la matrona. Ella no tardó mucho en llegar. El parto, según me han contado, fue sencillo. Mi madre siempre ha dicho que yo tenía prisa por conocer el mundo.
Ya era de madrugada cuando todo terminó. La matrona se quedó a dormir, en una de las habitaciones de mi casa. Mi padre también se disponía a descansar cuando, en ese instante, se abrió la puerta de la casa y entró el médico.
-¿Cómo ha ido todo? Bien ¿verdad? Estaba fácil el asunto.
Todo se lo preguntó él y todo se lo contestó a su vez. A continuación, con tono alarmante, le dijo a mi padre:
-¿Dónde está el botiquín que le toca a la parturienta? Antes de que nadie le pudiese contestar el médico lo vio. Se abalanzó a hurgar en su interior. No perdió ni un segundo. Buscó lo que le interesaba y se dirigió al aseo. Sin pedir permiso a nadie entró y cerró la puerta. Se inyectó la morfina. Unos instantes después salió algo más tranquilo. Hurgó en su chaqueta para sacar un talonario de recetas y extendió una.
-Ve a la farmacia a por este medicamento. Es urgente.
Mi padre cansado pero solícito tomó su bicicleta y pedaleó hasta la botica. Pensó que sería algo necesario para su pequeña, es decir, yo que dormía en los brazos de mi madre ajena a todo.
Ya en la farmacia, el farmacéutico, al ver la extraña receta le miró a la cara. Volvió a leerla y se fijó en quien la había firmado. Según siempre nos ha contado mi padre aquel hombre le habló con franqueza. No podía suministrarle aquello que le pedía porque estaba prohibido venderlo a particulares.
-Sabía que no te la darían, pero tenía que intentarlo.
Esas fueron las falsas gracias que el médico le dio a mi padre por aquella noche en la que no estuvo ni se le esperó.
Muchos años después, nos llegó la noticia de que el médico murió en un accidente de tráfico provocado por él mismo. No se le practicó la autopsia. Nadie dudó en qué estado debía de encontrarse cuando se aventuró, con su coche, contra un muro.


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