sábado, 27 de agosto de 2016

VENDEDORES AMBULANTES: EL MATALAFER (EL COLCHONERO)


Se anunciaba con una cantinela seca: 
"El matalfer" Quizá podría haber alargado la 'e' final, como otro cualquier vendedor ambulante, pero, en su caso, no le hacía ninguna falta. Escueto y contundente tal y como sonarían los azotes que le  propinaría, con la vara, a la lana de los colchones.

Con esos golpes, rápidos y secos, se conseguía airearla y esponjarla. Una vez, el colchonero, consideraba la lana que se encontraba bien azotada, con una horca, la colocaba sobre una  parte de la funda del colchón. Debía de estar bien organizada. A continuación, por encima extendía la otra parte de la funda y así se conformaba el colchón cuyas partes unía con las cintas enhebradas en una gran aguja que cruzaba de una parte a otra. Por último, procedía al cosido de los laterales. Con una aguja de punta curva y el fuerte hilo de palomar se finalizaba la labor.
'Fer i desfer, com el matalafer
Es la frase que ha quedado como recuerdo metafórico de ese oficio ambulante.
Dormir sobre un colchón recién hecho era muy agradable, sin embargo hacer la cama ya no lo era tanto. Aquel pesado colchón debía de ser estirado y ordenado en todos sus huecos para conseguir su uniformidad. 
El anuncio del colchonero, por las calles, fue sustituido por el de un comprador ambulante que, en la megafonía gritona de su furgoneta, pregonaba:
"Compro colchones de lana. Los pago a buen precio."
Ya pasó el tiempo de los colchones de lana. Con su desaparición no  sólo se perdió el oficio del 'matalafer' sino también el que lo sustituyó que fue el comprador de su interior.

8 comentarios:

  1. Todavía recuerdo en la calle donde vivo, pasa el río y aquellos años estaba al aire libre. Las colchoneras en la acera del río se ponían a golpear la lana. Y coser los colchones. Un abrazo

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    1. Yo era una niña curiosa que observaba los azotes del colchonero sobre aquella lana castigada sin saber por qué.
      Oficios que se limitan y desaparecen con el progreso. Gracias Maria del Carmen por tu lectura y comentario.

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  2. Nosotros teníamos colchones de lana de vellón, yo era chica y recuerdo que en casa se habría el colchón y se "abría" cada vellón, se ventilaba y cada 5 años se lavaba la lana.
    ¡Qué tiempos más bonitos y de buenos recuerdos! Se convívia mucho más y nos lo pasábamos genial!
    Antes se "hacía" la cama, desde hace décadas y sólo se ponen bien las ropas y listos. Aquellos colchones eran más cómodos para dormir, estos son más cómodos y rápidos para vestir, lo uno por lo otro...
    Me gusta tu blog, soy reciente seguidora.
    Enhorabuena.
    Saludo afectuoso.

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  3. Gracias Mari Carmen, me alegra que te guste mi blog. Aprecio todos los comentarios que tanto me animan y ayudan a continuar. Ves yo no tenía una idea romántica de los colchones. Como yo era pequeña me resultaban pesados y complicados de estirar y mullir a la hora de hacer la cama. Es una buena puntualización, entonces se hacia la cama, ahora sólo estiramos las sábanas. Muchas gracias por tus comentarios. Un abrazo.

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  4. Hola..
    Yo tambien formo parte de la iniciativa
    ya te estoy siguiendo..
    ¿Me sigues?
    Un saludo desde De Lo Real A Lo Fantástico

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    1. Hola De lo Real a lo Fantástico, por supuesto que te sigo. Gracias por seguir mi blog.

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  5. cristina iribarren
    Siempre he tenido curiosidad por saber que se siente al dormir en un mullido colchon de lana.....como se relataba en el Cuento de La princesa y el guisante (en ese caso creo que eran 10).
    Mi infancia descansó en planchas de gomaespuma, bastante rígida creo recordar, y mas tarde colchon de muelles que con el tiempo iba clavandose suavemente cuando giraba en la cama.
    Quizás algun dia tenga oportunidad de probarlo.....
    Gracias +Francisca FerGi​ y +Carmen Pinedo​ por crearlo y compartirlo...es un placer estos momentos de vuelta al pasado.

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    1. Querida Cristina Iribarren:
      dormir en una cama con colchón de lana es mullido. Creo que con un colchón es suficiente, diez, como la protagonista del cuento, será una ostentación superflua. Para mí tenía sus inconvenientes, pues debía estirar y colocar la lana cada vez que hacía la cama. He de confesarte que nunca aprendí a hacerlo bien. Muchas gracias por tu hermoso comentario sobre mi breve relato.

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